Jerónimo Zurita, el gran cronista de nuestra historia

Este año se cumple el 500 aniversario del nacimiento de Jerónimo Zurita y Castro, uno de los personajes más destacados de Aragón en el pasado. ¿Su mérito? Haber sido un historiador riguroso y honesto, autor de una monumental obra titulada Anales de la Corona de Aragón, donde dejó escrita la crónica más ambiciosa y completa que se había hecho sobre el devenir histórico de nuestra tierra hasta ese momento.

Una obra que todavía es útil pues aún hoy, cientos de años después, sigue siendo consultada por los historiadores cuando se proponen investigar sobre cualquier aspecto de nuestro pasado medieval. Y es que Zurita actuó por primera vez como un historiador en toda regla, esto es, tejiendo la narración de los acontecimientos a partir de las noticias que encontró en los documentos antiguos y no basándose en especulaciones ni tradiciones legendarias carentes de base. Lo hizo, además, con una voluntad firme de ser imparcial, de contar las cosas tal como fueron, sin ampulosidades ni florituras, sin trampas ni interpretaciones tendenciosas. Fue, desde luego, el mejor de su época en España, y continuó siéndolo durante mucho tiempo después.

Jerónimo Zurita nació en Zaragoza el 4 de diciembre de 1512. Pertenecía a una familia oriunda de Mosqueruela que, desde mediados del siglo XV, se había establecido en Zaragoza. Su padre, Miguel, estudió Medicina en las universidades de Salamanca y Huesca y en 1495 fue nombrado médico de cámara del rey Fernando el Católico, por haberle asistido con éxito ese mismo año durante la estancia del monarca en Tarazona para asistir a las Cortes. Poco después, en 1506, le nombró además Protomédico de todos sus reinos, incluida Castilla, lo que constituía una distinción de gran categoría. Este aprecio que mostró el Católico por la competencia médica del padre de nuestro historiador lo mantuvo también Carlos I, quien le confirmó en los cargos que le habían sido otorgados. Así, pues, la familia de Zurita, sin ser de origen noble, gozó de la cercanía a la Casa Real y a los círculos cortesanos.

Miguel Zurita quiso destinar a su hijo a la carrera eclesiástica, pero el joven Jerónimo mostró pronto el deseo de estudiar humanidades en la Universidad, así que se fue a Alcalá de Henares. Aprendió allí latín, por supuesto, pero también griego, francés, italiano y portugués, lo que constituyó un bagaje importantísimo para desenvolverse en sus trabajos futuros como historiador, pues le facilitó la consulta de los archivos europeos donde se conservaba documentación aragonesa.

Ya a los 18 años el rey le procuró sus primeros trabajos, aunque estaban fuera del ámbito de la historia: fue nombrado en 1530 merino (juez ordinario y foral) de Barbastro y Almudévar, así como otros cargos honoríficos del ámbito cortesano, como gentilhombre de su Cámara. También fue bayle de Huesca. Y al casarse, a los 25 años, con Juana García Oliván, empezó a ser ayudante de su suegro, que era Secretario de la Inquisición, trabajo que heredará a la muerte de éste.

Pero todos ellos eran oficios de carácter administrativo, más vinculados a las leyes, decretos, cuentas, ingresos y gastos que a lo que al joven Zurita le entusiasmaba, que era la Historia. En el interés por esta disciplina coincidió, felizmente, con los deseos de los prohombres aragoneses de su tiempo: para personajes de altura como el arzobispo Hernando de Aragón, era muy importante que el Reino contara con un relato fidedigno de sus hazañas pasadas, de forma que nadie pudiera atribuírselas falsamente, tergiversarlas ni ocultarlas. De modo que en 1547 plantearon al príncipe Felipe, futuro Felipe II, que presidía las Cortes reunidas en Monzón, que aprobase la creación de la figura del Cronista del Reino, que se encargara de llevar a cabo este proyecto escribiendo la Historia de la Corona de Aragón, esto es, de todos los territorios que en el pasado habían estado vinculados al viejo Reino.

Al rey le pareció bien la pretensión de los aragoneses, así que quedó instituido el cargo de Cronista con estas palabras:

Por falta de escritos, los hechos y cosas del reino de Aragón están olvidados. Su Alteza, de voluntad de la Corte, estatuye que se dé un salario, qual pareciere a los Diputados, a una persona experta, sabia y próvida en crónicas y historias, natural del Reyno de Aragón, el cual tenga especial cargo de escribir, recopilar y ordenar todas las cosas notables de Aragón, así pasadas como presentes, según que a crónicas de semejantes Reynos conviene.

Esa persona experta, sabia y próvida en historias fue Jerónimo Zurita, que sería nombrado para el cargo el 31 de mayo del año siguiente. Contaba por entonces 35 años y desde entonces hasta su muerte, a los 78, se entregó en cuerpo y alma, con todas las fuerzas de su tesón y su inteligencia, a la gran tarea que le había sido encomendada.

Zurita empezó por donde se tiene que empezar, esto es, recopilando toda la documentación que consideró interesante para elaborar posteriormente la historia; y pasó los primeros años consultando los archivos de Italia, Sicilia, Francia y Barcelona. Se hizo con un gran volumen de documentos y libros que constituyeron la famosa “Alacena de Zurita”, que algunos consideran perdida y que otros ubican entre los fondos de la Real Academia de la Historia.

Veintitrés años le llevó la búsqueda, análisis, recopilación y ordenación de todo aquel material, hasta que pudo publicar los cinco volúmenes de sus Anales (el último apareció poco antes de su muerte, en 1580).

Zurita había acumulado más cargos desde entonces, entre ellos los de Secretario de Cámara de Felipe II y Maestre Racional del Reino de Aragón. Pero en los últimos años de su vida renunció a todos ellos para poder dedicarse por entero a acabar su magna obra: desde 1579 estuvo recluido en el monasterio de Santa Engracia, de Zaragoza, revisando y puliendo sus trabajos antes de darlos a la imprenta. En ese monasterio murió y fue enterrado, bajo una lápida que lo reconocía como diligentísimo historiador de las cosas de Aragón. Su tumba, sin embargo, se perdió, junto con muchos tesoros históricos y artísticos, al ser volado aquel bello conjunto monástico por los franceses en 1808, durante la Guerra de la Independencia.

Aunque se dice que su prosa es muy seca y que resulta, por ello, dura de leer, lo cierto es que fue el mejor historiador de su tiempo, y aun lo siguió siendo durante centurias tras su muerte. Concienzudo, imparcial, íntegro, se le tiene por modélico por el respeto que manifestó hacia las fuentes de las que recopiló los datos. Hizo falta llegar al siglo XX, bien avanzado, para que los historiadores y cronistas retomaran los pasos de Zurita y, con más medios y una perspectiva crítica y rigurosa, siguieran avanzando a pie firme en la investigación y el relato de la rica, bella y compleja historia del viejo Aragón.

¿Cómo recordamos los aragoneses a Zurita? Le hemos dedicado calles, colegios… pero a mí el homenaje que más me gusta es el que hay en el Colegio Público Gascón y Marín, en la Plaza de los Sitios de Zaragoza. Se construyó en 1919 y se quiso que fuera un centro avanzadísimo desde el punto de vista pedagógico (p.ej., fue el primero en Zaragoza en el que la enseñanza estaba graduada, con los alumnos divididos por cursos en cada uno de los cuales se impartían unos contenidos distintos). Pues bien, se quiso hacer un edificio monumental y en la primera planta, en el antepecho, se colocaron los retratos de varios aragoneses ilustres que se quería que sirvieran de modelo a los alumnos, que seguramente se fijarían en ellos muchas mañanas cuando entraban a clase. Esa, y no otra, debe ser la función de un monumento público, poner ante los ojos de la ciudadanía ejemplos a seguir. Pues bien, uno de los personajes que se eligieron para aquella galería de retratos fue nuestro amigo Zurita. Pocos homenajes tan bonitos como el ser propuesto como modelo para los chavales que se están formando, ¿no?

Si queréis conocer más historias de aragoneses ilustres aquí os dejo algunos enlaces a nuestro blog, y si queréis seguirnos podéis entrar en http://www.facebook.com/identidadaragonesa y pinchar en “me gusta”, o en twitter @estatutoaragon

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Categorías: Los aragoneses | 4 comentarios

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