Símbolos de Aragón – El primer mapa de Aragón

En marzo de 1610, la Diputación del Reino encargó al cosmógrafo y matemático portugués Juan Bautista Lavaña la realización de un mapa de Aragón y una descripción “tan exacta y perfectamente cuanto supiere, yendo por todos los lugares, y montes, y partes necesarias, así para tomar la altura como para notar y hacer memoria de las cosas notables del dicho Reino”.

El encargo había sido iniciativa del poeta y cronista mayor Lupercio Leonardo de Argensola, quien consideraba imprescindible tener un mapa fidedigno de las tierras aragonesas pues “conoció bien que es imposible historiar los hechos de un pueblo cuya topografía no se conoce exactamente, y que la historia es inútil sin la descripción de los lugares“. Aragón, por aquellas fechas, no tenía todavía un mapa que fuera solo suyo.

Lupercio Leonardo de Argensola

Argensola convenció a los diputados y se ocupó de que el trabajo fuera ejecutado por Lavaña, porque estaba convencido de que no existía otra persona en España capaz de llevarlo a cabo como él. Era un cosmógrafo de tanta fama que Felipe II se lo había traído de Lisboa para que pusiera en marcha la famosa Academia Real Matemática de Madrid, de modo que Argensola tuvo que pedir licencia al rey para que le permitiera desplazarse por unos meses a Aragón. Tras largas negociaciones y papeleos, por fin se puso en marcha: llegó a Zaragoza el 31 de octubre de 1610 y hasta abril del año siguiente recorrió palmo a palmo todo el territorio aragonés, tomando medidas y distancias, anotando topónimos y numerosos datos de los lugares que iba visitando. Se instalaba en las localidades más importantes y desde allí ubicaba los pueblos de la zona; para medir las distancias se encaramaba a los montes, torres o elevaciones más destacadas, desde donde podía divisar amplias extensiones de terreno.

Lavaña recogió toda la información con croquis y dibujos en un cuaderno de viaje, y utilizó para sus mediciones instrumental propio (el existente hasta entonces no le convencía). Solo le faltó por visitar la parte más oriental del Pirineo, que no pudo recorrer por culpa de los rigores del invierno; el trabajo correspondiente a esa parte lo realizaría algún tiempo después el jesuita P. Rajas, que envió luego sus datos a Madrid para que el portugués pudiera terminar de confeccionar el mapa con la información completa.

Juan Bautista Lavaña se propuso hacer un mapa riguroso y lo más exacto posible, pues consideraba que los realizados hasta entonces eran bastante poco fiables. De hecho afirmaba que todas las demás “descripciones de los lugares” no estaban hechas con instrumental matemático, sino “por informaciones que tanto varían cuanto son los hombres que las dan”. Él, sin embargo, había tomado las medidas “con un instrumento inventado por mí, para no faltar un palmo en la distancia de los lugares, cosa que hasta ahora nadie ha hecho, ni hay descripción de ninguna provincia que de esta manera se hiciese”.

Acabado el viaje, Lavaña elaboró su mapa en Madrid y lo terminó en agosto de 1615. Orgulloso de su trabajo, escribió a los diputados aragoneses informándoles del resultado. Sin embargo, para su disgusto, los diputados pusieron pegas; algunas eran solo formales, como los ornatos que debían ponerse en las armas y cartelas, pero había dos cuestiones sobre las que tardaron mucho en ponerse de acuerdo: los diputados se quejaban de que el mapa estaba “poco poblado” y de que se veía “muy montuoso”. Indignado, Lavaña respondía: “mal puedo yo poblar lo que no está poblado” y “menos montañas he puesto de las que hay en el Reino”.

Por fin se llegó a un acuerdo, que incluía la sustitución de las señales simples que indicaban las poblaciones por dibujos que indicasen casas en mayor o menor cantidad, según fuera la categoría del lugar; y, señaladamente, que “la ciudad de Zaragoza se pinte un poco mayor y más autorizada”. Así se hizo, y el mapa estuvo dispuesto para ser llevado a imprenta; hubo retrasos y problemas de distinto orden para sacar adelante el trabajo de impresión, pero por fin en mayo de 1620 se sacaron 400 ejemplares de aquel gran mapa, y poco después, con mayor perfección y en Flandes, se realizó una nueva tirada de 1.000 ejemplares.

No solo fue el primer mapa de Aragón: fue el mejor de su época. Se le ha calificado de “monumento cartográfico”, de “pieza esencial en la historia de la cartografía mundial” y de “caso único en la historiografía de estos siglos”. Fue uno de los primeros levantados en Europa utilizando instrumentos matemáticos y, por su perfección técnica, fue modelo para buena parte de los mapas que se realizaron hasta bien entrado el siglo XIX.

De la tirada hecha en mayo de 1620 se conserva un ejemplar en la Biblioteca Nacional de Madrid. Mide 110 x 93 cm y utiliza una escala de 5 leguas, equivalente a algo menos de 1:280.000. Está grabado en negro y coloreado a la aguada en verde, sepia y carmín. En los márgenes laterales figura la Declaración sumaria de la Historia de Aragón, para inteligencia del mapa, escrita por Lupercio Leonardo de Argensola.

A lo largo del siglo XVII se hicieron varias reediciones y fue copiado en numerosas publicaciones y atlas. De la realizada en 1697 se conserva un ejemplar en Borja. En 1761 se mandó “retocar este mapa y aumentar los caminos” por el Intendente General del Reino de Aragón, lo que dio lugar a la edición de 1777, por Tomás Fermín de Lezaún. Esta es la versión más conocida del mapa, basada todavía en el original del cosmógrafo portugués.

El cuaderno de viaje de Lavaña quedó inédito porque no fue entregado a los diputados. Sin embargo, se conservó una copia contemporánea en la Biblioteca de la Universidad de Leiden, donde la encontró el polígrafo aragonés Ignacio Jordán de Asso en 1782. Él sacó una nueva copia, que sirvió para que finalmente se publicara por la Diputación de Zaragoza en 1895. El cuaderno, de gran interés para el conocimiento de nuestra tierra a comienzos del siglo XVII, se tituló Itinerario del Reino de Aragón. Hoy cuenta con ediciones recientes, una de las cuales incluye una reproducción facsímil del mapa.

Se sabe muy poco de la vida de Lavaña, aunque fue muy apreciado por reyes y prohombres tanto de su país como de España. De la abundante correspondencia que cruzó con los diputados aragoneses a raíz de las diferencias habidas sobre el mapa se deduce que fue un hombre orgulloso y altivo, y también que tenía sobradas razones para defender su trabajo. A la vista del resultado, y de todo lo que hizo en Madrid con la Academia de Matemáticas, sabemos también que tuvo una enorme capacidad de trabajo y un destacadísimo nivel intelectual y científico.

Seguiremos hablando de los símbolos de Aragón en nuestro blog. De momento os recordamos que podéis seguirnos entrando en http://www.facebook.com/identidadaragonesa o en twitter, @estatutoaragon, y que estamos esperando todas las sugerencias que tengáis sobre los temas acerca de los cuales os gustaría que fuéramos escribiendo aquí.


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Categorías: Historia y Arte, Símbolos de Aragón | 4 comentarios

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4 pensamientos en “Símbolos de Aragón – El primer mapa de Aragón

  1. Hola, tengo una duda respescto a un mapa de Aragon de 1609 concretamente el que sale en este link: http://4.bp.blogspot.com/-qKsij_C2vss/TdoC40e_boI/AAAAAAAAAT0/N4-HuoALny4/s1600/linaje+003.jpg
    Mi duda es que en la zona de lo que es ahora las altas Cinco Villas, aparece un pueblo que no se identificar su localización geográfica y nombre. Solo lo he visto en este mapa, ya que el resto no tiene suficiente calidad para poder distinguir que pone en ese lugar. El nombre del pueblo según este mapa es Fadab, se encuentra entre Luesia y Biel.

    Serian tan amables de poder orientarme, desgraciadamente en la web no encuentro mapas de buena calidad de la época para ver si es un fallo o corresponde a un pueblo ya desaparecido.

    Un saludo y gracias.

    Maria.

    • Anónimo

      La verdad no queda claro lo que és a primera vista, viendo que los nombres están “movidos” de su posición y la utilización de F en lugar de S en muchos nombres, quiero pensar que será Sádaba.
      ¿Qué opinan?

  2. Pingback: TcD:/

  3. Pingback: Símbolos de Aragón – Teruel, el toro y la estrella | La identidad de Aragón

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