El trovador y la Aljafería

En 1813 nació Antonio García Gutiérrez en Chiclana y Giuseppe Verdi en Busseto, en el norte de Italia. ¿Qué tiene que ver todo esto con la Aljafería?

Pues mucho, porque el primero estrenó en 1836 “El trovador”, una obra de teatro que fue un enorme éxito, y el segundo la convirtió en una ópera que se estrenó en 1853 y se tituló “Il trovatore”.

¿De qué va? Pues es un drama romántico con todas las letras. O sea, que muere hasta el apuntador, hay una historia de amor con un final de lo más desgraciado, giros imprevistos que nos dejan con la boca abierta, un personaje atormentado por un terrible secreto, venganza… en fin, que lo tiene todo, pero todo, todo. Y si a eso le añadimos la música maravillosa de Verdi, ¿qué más podemos querer? Pero vamos por partes, y lo primero: ¿dónde y cuándo se sitúa la historia? Pues en Aragón y en los años turbulentos y conflictivos del Compromiso de Caspe (si quieres saber más sobre ese episodio de nuestra historia, del que este año se celebra el VI Centenario, pincha aquí). De hecho, la acción empieza en el palacio de la Aljafería, en Zaragoza, pero antes de hablar de eso…

Del teatro donde se estrenó “Il trovatore” sólo queda esta placa, que lo recuerda

Vamos a imaginarnos que estamos en Roma la noche del 19 de enero de 1953. Hace frío pero aún así no nos quedamos en casa. ¡¡¡Nos vamos a la ópera!!! En el Teatro Apollo se estrena la nueva obra de Giuseppe Verdi, el compositor más famoso de Italia. Son los años de la unificación italiana, y la gente grita su nombre queriendo decir Vittorio Emmanuele RdItalia (VERDI). Verdi ha escrito melodías gloriosas que la gente ha convertido en un himno de la lucha por conseguir una Italia unida y libre de las potencias europeas que se han peleado por ella durante siglos. ¿Quién no ha oído el “Coro de los esclavos“, de “Nabucco“? Cuando la gente oía aquello de “O mia patria si bella e perduta” pensaban instantáneamente en la suya, que tanto había sufrido durante siglos bajo las armas de españoles, franceses, austríacos… Hasta tal punto se metió aquella música en el alma de Italia que Ricardo Mutti, que dirigía la orquesta en la representación de “Nabucco” que conmemoraba el 150 aniversario de la unificación italiana, delante de Berlusconi… bueno, oídlo mejor a él:

Emocionante, ¿no? Pero volvamos a aquella velada de 1853. Aquel compositor ya había estrenado unas cuantas óperas además de “Nabucco“, como “Rigoletto”, “Macbeth” y muchas más, así que la velada prometía y todo el mundo estaba ansioso por conocer la nueva creación del señor Verdi. Pero a lo que vamos: silencio, que va a empezar la función. Suenan las primeras notas y… ¿Queréis saber qué pasa? Pues os propongo una cosa: os voy dejando una sinopsis de cada uno de los cuatro actos y luego veis en vídeo un resumen protagonizado por muñecos de Lego. ¿Qué os parece el plan? Sólo hay una pega, y es que los subtítulos de los vídeos están en inglés, pero como ya sabréis de qué va la historia no pasa nada.

Giuseppe Verdi

Primer acto

Estamos en la Aljafería, el palacio de los reyes de Aragón. Una de las infantas tiene una dama de honor que es lo más. Leonora se llama, y a falta de uno tiene dos pretendientes: por un lado, el conde de Luna, un partidazo; por otro, un humilde trovador al que ni siquiera ha visto aún, pero que tiene una voz, y canta unas cosas… ¿Por quién creéis que se inclina su corazón? Pues claro, por el menos conveniente: Manrico, el trovador. Parece que el conde se huele algo y está celoso, rondando bajo la ventana de su amada Leonora. Mientras, en el cuerpo de guardia, Ferrando cuenta la terrible historia del conde para mantener despiertos a sus soldados. Resulta que hace muchos, muchos años, cuando el conde era aún un niño, una gitana embrujó a su hermano, que se fue debilitando poco a poco. Su padre ordenó apresarla y la condenó a la hoguera, pero cuando estaba a punto de morir… ella gritó y ordenó a su hija que la vengara. Obediente y bien mandada, Azucena secuestró al hijo pequeño del conde y lo echó a una hoguera. Sin embargo, el viejo conde nunca quiso creer que aquellos restos quemados fueran los de su hijo, y en su lecho de muerte hizo jurar a su heredero que removería el cielo con la tierra para encontrar a la gitana.

Azucena (la bruja “Azu”, para los amigos)

¿Cómo se os ha quedado el cuerpo? Menos mal que la pobre Leonora no se entera de nada de esto, y sale al patio tan feliz contándole a una amiga lo que le está pasando. “Chica, no te lo vas a creer, de verdad te lo digo, estoy colada por él“. “Pero ¿qué me dices? Quiero todos los detalles, y los quiero ¡¡¡ya!!!“. ¿Queréis oír a la Callas diciéndolo? Pues pinchad aquí, que nosotros seguimos, porque la cosa se anima. Resulta que entre que la noche está oscura y que se ha enamorado de un hombre al que no ha visto ni la cara… Leonora se tropieza con el conde que está por allí rondando y con un mosqueo que para qué, y lo confunde con su trovador. Como os lo cuento. Pa’matarla, digo yo. Aparece Manrico, Leonora se da cuenta del lío, se hecha en sus brazos, el conde se da cuenta de la jugada… y se arma la marimorena, literalmente. Vamos, que sacan las espadas, empiezan a pelear y cuando parece que Manrico iba a rematar al conde, huye y… cae el telón.

Segundo acto

Manrico ha huido (normal, el conde jugaba en casa) hasta el campamento donde está su madre, la gitana Azucena. ¿No os lo había dicho? Pues sí, sí, Manrico es el hijo de la gitana que había secuestrado el hijo del conde. ¿Os acordáis, no? Bueno, pues a lo que vamos: los gitanos cantan un coro famosísimo y Azucena empieza a hablar. Más le valdría haberse callado, porque lo que le cuenta a Manrico le deja al pobre un cuerpo que para qué os voy a contar. ¿Os acordáis de que el viejo conde murió pensando que el de la hoguera no era su hijo? ¡¡¡Pues tenía razón!!! Azucena, ciega de odio y con los deseos de venganza nublándole la vista… se equivocó de niño y echó al suyo a las llamas. Así que Manrico… ¿quién es? Lo habéis adivinado ya, ¿eh? Efectivamente: el hijo del conde muerto, y por lo tanto su enemigo, el conde de Luna, es ¡¡¡su hermano!!!

Plácido Domingo como Manrico

El pobrecico Manrico empieza a atar cabos. Claro, por eso no había sido capaz de matar a su rival cuando lo tuvo a su merced. Ya le había parecido a él que algo le sujetaba el brazo, fuera Dios, la voz de la sangre o cualquier otra cosa sublime y elevadísima. ¿Qué hacer? No da mucho tiempo a pensar, pues de pronto llega un mensajero para decirle que su hermano no había tenido tan nobles instintos y había hecho creer a Leonora que él estaba muerto, así que ella ha decidido… ¡¡¡meterse en un convento!!! Nooooooooo. ¡No puede ser! Así que Manrico deja a su madre (que no es su madre) con la palabra en la boca y sale corriendo para intentar evitarlo. Allí se encuentra con el conde, que intenta raptarla, pero Manrico es más rápido y se la lleva él. Las monjas se quedan con un palmo de narices, claro, y… vuelve a caer el telón.

Acto tercero

¿Os acordáis que en su lecho de muerte el viejo conde le había pedido a su hijo que buscase a la gitana? Pues con la de tiempo que llevaban detrás de ella, qué casualidad que van y la encuentran justo después del episodio del convento. Sus soldados se la llevan al campamento y, por casualidad, se entera de que es la madre de su enemigo, el trovador. ¡¡¡¡Esto se llama tener suerte!!!! Ya os podéis imaginar que se frotaba las manos. ¡¡¡¡A la hoguera con ella, y sin perder tiempo!!!!

La Callas como Leonora

Mientras Manrico y Leonora son felices, comen perdices y están a punto de casarse cuando… un mensajero entra corriendo para traer las malas noticias (esta gente no gana para sobresaltos, de verdad os lo digo). El caso es que Manrico se pone a cantar (pinchad aquí para oír a Plácido Domingo):

Di quella pira l’orrendo foco, tutte le fibre m’arse, avvampò!
Empi, spegnetela, o ch’io fra poco, col sangue vostro la spegnerò!
Era già figlio prima d’amarti, non può frenarmi il tuo martir.
Madre infelice, corro a salvarti, o te…..co almeno corro a morir.

O sea: “¡El horrendo fuego de esa pira me quema todas las fibras! / ¡Impíos, apagadla, o dentro de poco la apagaré yo con vuestra sangre! / Además de amarte soy tu hijo, no puedo ver impasible tu martirio. / Madre infeliz, corro a salvarte o al menos, contigo, corro a morir“. Y claro, deja la boda a medias, Leonora se desmaya y… cae el telón.

Cuarto acto

La cosa pinta peor que mal. Manrico ha sido hecho prisionero por el conde y Leonora no sabe qué hacer. Está angustiada y canta al pie de la torre en la que el trovador está prisionero hasta que le oye despedirse de la vida (aquí os dejo el Miserere cantado por una estremecedora María Callas). Desesperada, suplica al conde que lo libere ofreciéndole su amor a cambio, pero se guarda un as en la manga: en secreto bebe un veneno de su anillo para morir con su amado antes de que el conde pueda consumar la boda. Entra en la celda donde están Manrico y Azucena (dormida) y le ruega a su amante que huya, diciéndole que está libre. Se mosquea, se le pasa por la cabeza que ella le vaya a abandonar por el conde… hasta que descubre lo que realmente ocurre. ¿Sabéis cómo acaba la cosa? Nunca os lo hubierais imaginado: el conde entra, ve el panorama, manda quemar a Manrico y en ese momento Azucena grita extasiada al conde que el que arde en la hoguera es su hermano. ¡¡¡¡Por fin se ha cumplido su venganza!!!! Cae el telón.

El éxito fue tremendo, increíble. A Verdi le dieron una corona de laurel con cintas rojas, y cuando lo normal es que después de la tercera representación el compositor abandonara la ciudad él se quedó a la cuarta, porque una multitud con antorchas le acompaño a su hotel, y una banda tocó bajo su balcón música hasta la madrugada. En fin, un éxito que se repitió, y aún se repite, por todo el mundo.

Manrico y Leonora, de disgusto en disgusto

¿Qué os ha parecido la historia de “El trovador”? Es una leyenda inventada por un escritor del siglo XIX, pero se ha hecho tan famosa en todo el mundo que hasta una de las torres de la Aljafería, la más importante, lleva su nombre. Os seguiremos contando más leyendas de Aragón en nuestro blog, y si queréis enteraros de muchas más cosas relacionadas con la identidad aragonesa podéis seguirnos entrando en http://www.facebook.com/identidad aragonesa y pinchando en “me gusta”, o en twitter @estatutoaragon


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Categorías: Historia y Arte, Leyendas de Aragón | 1 comentario

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Un pensamiento en “El trovador y la Aljafería

  1. loli

    jilipollezes de leyendas

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