Tras las huellas de los Sitios de Zaragoza

Al igual que hace 200 años, este primer fin de semana de marzo hemos vuelto a escuchar cañonazos en la ciudad de Zaragoza. Los fusiles asomaban otra vez por encima de las cabezas y olía a pólvora por todos los rincones. Soldados franceses y españoles corrían de aquí para allá y  por las calles volvieron a pasear personajes como Palafox, Agustina de Aragón, el cura Sas o la condesa de Bureta.  Si a alguien le pilló por sorpresa, seguro que se llevó un susto importante.

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Todo ha sido posible gracias a la “II Recreación Histórica – Los Sitios de Zaragoza” organizada para conmemorar el bicentenario de la liberación tras la ocupación francesa en la Guerra de la Independencia. Un acontecimiento que ha dado cita en la ciudad a más de 400 recreacioncitas de las guerras napoleónicas venidos de distintos lugares de España y Europa. Entre ellos, por supuesto, los miembros de la Asociación Histórico-Cultural “Voluntarios de Aragón”, que en estos últimos años está teniendo una enorme presencia en la vida cultural de Zaragoza. Verles desfilar, disparar y pelear es una experiencia fabulosa, especialmente para los amantes de la Historia que disfrutamos del detallismo con que se recrean los uniformes, las armas, y hasta los más mínimos detalles de los soldados de esta época.

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Una vez más, esta conmemoración ha puesto de manifiesto que los Sitios de Zaragoza, a pesar del paso de los tiempos y las modas, sigue siendo uno de los episodios de nuestra Historia reciente que más nos apasiona. En torno a 100.000 personas se han presenciado los diferentes actos del fin de semana. Casi nada; especialmente, si tenemos en cuenta que era puente festivo en la ciudad. Por eso, hemos decidido reiniciar la actividad del blog hablando precisamente de los Sitios; pero más concretamente, de las huellas que todavía hoy, dos siglos después, siguen presentes en las calles de Zaragoza. Esperando que los despistados viandantes les dediquemos un momento de atención para que puedan contarnos toda la historias que atesoran. Sin necesidad de organizar ningún evento extraordinario. Historias que en su mayoría son trágicas y crueles, pero que también conjugan el valor, el heroísmo y las pasiones; igual que las grandes novelas románticas. Quizá sea esa la clave de su éxito.

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Rescatar todas estas historias supera las pretensiones de un blog como este, puesto que sería una labor que ocuparía cientos de páginas. Sin embargo, sí que me gustaría dar rescatar algunos acontecimientos ocurridos en espacios emblemáticos de Zaragoza donde todavía pueden rastrearse las claves de este conflicto bélico.

Aunque parezca increíble, en algunos rincones de Zaragoza todavía son visibles las huellas de la batalla real; impactos de balas y cañonazos que pueden reconocerse en lugares como el Pilar (en la fachada de la calle Milagro de Calanda), el Centro de Historia (antiguo convento de San Agustín, donde se libró una de las batallas más famosas de los Sitios) y algunos edificios del barrio de la Madalena. Precisamente, una de las zonas de la ciudad que más sufrió cuando los franceses la asaltaron a comienzos de 1809. De todos ellos, destaca sin lugar a dudas la conocida como Casa de los Sitios en la esquina de las calles del Pozo y doctor Palomar, (actualmente restaurada y acondicionada para acoger los  Apartamentos turísticos “Los Sitios”). Un auténtica joya porque tiene la particularidad de conservar parte de la fachada (la esquina) tal y como quedó después de la batalla por las calles del barrio. Solo con echarle un vistazo a la cantidad de impactos de bala que presenta se puede ser testigo de la ferocidad de los combates que se vivieron es estas mismas calles y en el interior de estas mismas casas. Una resistencia dramática y heroica que Galdós definió con estas palabras en sus Episodios Nacionales: “Lo natural, lo humano, habría sido defender unas posiciones contra todos los elementos de la fuerza y de la ciencia militar reunidos; pero allí no se trataba de nada que fuese humano y natural, sino de extender la potencia defensiva hasta límites infinitos, desconocidos por el cálculo científico y para el valor ordinario, desarrollando en sus inconmensurables dimensiones el genio aragonés, que nunca se sabe adónde llega”.

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Palacio de los Sitios. Imagen tomada de “Apartamentos turísticos Los Sitios”.

Y unos combates llevados hasta las últimas consecuencias que le inspiraron estas palabras: “Nada es comparable a la expedición laboriosa por dentro de las casas; ninguna clase de guerra, ni las más sangrientas batallas en campo abierto, ni el sitio de una plaza, ni la lucha en las barricadas de una calle pueden compararse a aquellos choques sucesivos entre el ejército de una alcoba y el ejército de una sala, entre las tropas que ocupaban un piso y las que guarnecen el superior”.

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La heroica defensa de Zaragoza fue llevada a cabo por miles de vecinos y voluntarios venidos de todos los rincones de Aragón y de España. Por supuesto, inspirados por la fe en la Virgen de Pilar que, como recuerda la jota, “no quiere ser francesa”. Sin embargo, por circunstancias de la Historia, solo recordamos a unos cuantos héroes y heroínas que destacaron por su enorme valor. Los más populares son Agustina de Aragón y el general Palafox. Además de tener sus respectivas calles, hoy forman parte de la comparsa de Gigantes y Cabezudos de la ciudad, y son protagonistas de dos imponentes monumentos. Especialmente significativo para recordar este heroísmo extremo es el de Agustina en la plaza del Portillo, porque allí se produjo el famoso episodio del cañonazo que determinó su iconografía más propia; disparando el cañón (como aparece en el monumento de Agustín Querol en la plaza de los Sitios). El 2 de julio de 1808, abatidos los artilleros que defendían la puerta del Portillo los franceses se disponían a entrar irremediablemente en la ciudad. Pero en ese momento, Agustina, que hasta entonces había estado haciendo labores de retaguardia, sin pensarlo dos veces y armada de valor, se llegó hasta uno de los cañones que había quedado cargado, tomó prestado el botafuego de un sargento caído, y disparó un cañonazo legendario que frenó el avance francés el tiempo suficiente para que llegase Palafox con refuerzos y recompusiese la defensa. Fue entonces cuando, como cuentan las crónicas, en vista de su valentía Palafox arrancó los galones al sargento y la condecoró allí mismo como sargenta de artillería. Y precisamente así, condecorada y orgullosa, podemos verla en lo alto de su monumento. No dejéis de ver cómo nos lo narró Juan de Orduña al final de esta secuencia de la película “Agustina de Aragón”. Pincha aquí.

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La guerra fue un episodio heroico como pocos se han visto en la Historia pero a la vez fue un desastre absoluto para Zaragoza y Aragón. Se llevó por delante una gran cantidad de edificios históricos, obras de arte y archivos de valor incalculable. Entre ellos la Diputación del Reino, la Universidad y una buena cantidad de conventos (agustinos, carmelitas, franciscanos, trinitarios, jerónimos etc.) de los que apenas hemos conservado algunos restos; tan solo un puñado de elementos litúrgicos e imágenes devocionales como el Cristo de la Cama o el Cristo de los Sitios. Testigo de todo esta destrucción  todavía queda en pié el antiguo seminario sacerdotal donde precisamente se vivió uno de los episodios más catastróficos de los Sitios. Recién iniciado el conflicto, en junio de 1808, el seminario fue convertido en polvorín de los defensores. Para ello se habilitaron los bajos de las dependencias del Colegio Padre Eterno, donde residían los niños pequeños cuyas familias no habían podido hacerse cargo de ellos. Así, niños y clérigos, podían colaborar en el conflicto elaborando cartuchos de pólvora. Pocos días después, el 27 de junio, quizá como afirman algunos por la imprudencia de un carretero que entró fumando al recinto, el colegio saltó por los aires  llevándose por delante buena parte del edificio original y la vida de decenas de inocentes. Un suceso que, irremediablemente, siempre resuena en mi cabeza cada vez que paso por la esquina de las calles San Jorge y Coso.

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Precisamente eso, muerte y desolación, fue la verdadera realidad que dejaron los Sitios. Es el precio que pagamos los pueblos cuando se recurre a la guerra para solucionar los conflictos. Los Sitios dejaron unas cifras escalofriantes; cerca del 75% de destrucción en el caserío de algunas zonas de la ciudad como el entorno de Santa Engracia (actual Pª independencia), y en torno a 60.000 víctimas mortales.

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Varios monumentos de la ciudad reflejan esta dura realidad y algunas placas nos hablan de caídos ilustres. Quizá el más conocido y desconocido al mismo tiempo sea el dedicado por Federico Amutio a los defensores del Reducto del Pilar, que se levanta en la actual Glorieta de Sasera. Los simpáticos cañones (donde todos hemos quedado en alguna ocasión) que acompañan a la figura de un desesperado defensor con un fusil, trae a la memoria de los zaragozanos otro dramático episodio. Esta composición se erigió en memoria de los más de 400 defensores que perdieron su vida protegiendo hasta las últimas ruinas de la efímera fortaleza conocida como Reducto del Pilar levantada para proteger el acceso al puente sobre el río Huerva en este mismo lugar.

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En cualquier caso, el mejor rincón para tomar conciencia de todo este desastre humano es la cripta de la actual Iglesia de Nª Sª de Gracia, junto al Hospital Provincial, donde yacen los cuerpos de las hermanas de la caridad de Santa Ana que, con la madre Rafols la frente, se desvivieron aquellos días por atender a los heridos y enfermos en el destruido Hospital General de Nª Sª de Gracia que se levantaba en la actual Plaza de España. Su sacrificio les ha valido el reconocimiento por parte de todos como heroínas de la caridad. Entrar a contemplar sus humildes nichos es una experiencia que sobrecoge e invita a reflexionar sobre todo lo ocurrido en aquellas jornadas.

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Cripta de la Iglesia de Nª Sª de Gracia. Imagen tomada de la web de la Asociación Los Sitios de Zaragoza.

Muchos son los espacios, monumentos, placas, etc. que nos dejamos de mencionar, porque ningún otro acontecimiento como los Sitios de Zaragoza y sus héroes ocupa mayor número de nombres en el callejero, ni ha inspirado mayor cantidad de reconocimientos. Así que ahora es el momento de que os animéis vosotros mismos a descubrirlos. Por ejemplo, participando en las rutas y actos que organiza la Asociación los Sitios de Zaragoza o los Voluntarios de Aragón. Aquí os dejamos sus enlaces. Pinchad en ellos.

http://www.asociacionlossitios.com/

http://www.voluntariosdearagon.com/

 

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Categorías: Claves de la Historia, Historia y Arte | Deja un comentario

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