El Pirineo; paso, frontera y punto de encuentro.

Los aragoneses, como la mayoría de los pueblos, están determinados por el territorio que habitan. Aragón lo está por sus ríos, secanos, montañas y desiertos. Y solo nos faltaría la playa, de no ser porque los numerosos pantanos nos recuerdan, a veces, pequeños mares sin oleaje. Y entre todos los elementos del paisaje, hoy destacamos las montañas. Rocas altas que marcan un clima, un relieve y un carácter.

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Embalse y Presa de Mediano. Ainsa-Sobrarbe (Huesca)

Las tenemos de muchos tipos: embrujadas como el Moncayo, recogidas y guardadas como las sierras turolenses o majestuosas vigías de nuestra historia como El Pirineo. El reino medieval nació entre esas piedras, conformando el carácter resistente del aragonés.

El Pirineo ha sido y es muchas cosas. Hoy, es un territorio poco poblado, pero que ofrece un lugar de descanso y ocio para muchos visitantes que llenan sus pistas de esquí, sus casas rurales y hoteles; y transitan por un sinfín de sendas entrelazas y que nos llevan a lugares esplendidos. El Pirineo también es un lugar mágico, donde los mitos y las leyendas se entrelazan con la historia. Todavía hoy, la capacidad de atracción y fascinación por ese territorio hace creíble la más inverosímil de las historias.

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Vista del Los Tres Serols (Macizo de Monte Perdido)

Pero dejaremos las “buixas” y sus conjuros para otro momento. El Pirineo ha sido y es un punto de encuentro, donde pobladores de uno y otro lado han intercambiado productos, usos, costumbres y lengua. También es lugar de paso, aunque, a veces, sus altas cimas nos lo pongan más que difícil. Los restos arqueológicos muestran que, pese a la dureza del medio, nuestras montañas llevan habitadas desde épocas muy tempranas. Así, hoy podemos recorrer los diferentes dólmenes que nos remontan a un momento donde las “mugas” poco representaban para nadie. Más tarde, los romanos ya construyeron calzadas y se inició una comunicación que, en mayor o menor medida, se ha mantenido hasta hoy.

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El Dolmen de Tella. Tella (Huesca)

Pero el macizo también es frontera. Sirvió para de marca natural entre los reinos cristianos y musulmanes. Éstos últimos,  buscaron las vegas y los valles de la Península, y dejaron los escarpados pirenaicos para una comunidad pequeña y sin aparente importancia. Y pese a que sus escaramuzas y misiones les llevaron a cruzar hacia la Galia, pronto se quedaron a este lado de las montañas.

Por otro lado, para los cristianos viejos, El Pirineo fue su refugio y su casa. Las fronteras comenzaron a trazarse, al norte y al sur, por el pago de tributos, cosa que no impidió que se siguieran cruzando los puertos, buscando los pasos más accesibles. Además, pronto empezarían a llegar viajeros del norte buscando la iluminación y el camino que llevaba hasta la tumba de un apóstol, cerca del final del mundo.

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Cruz Cubierta (Aínsa). Lugar mítico donde una cruz roja se posó sobre la Carrasca, dando ánimo a los cristianos para vencer a las tropas musulmanas.

Son muchas las sendas del Camino de Santiago que cruzan el Pirineo. Las altas cumbres no han frenado el ímpetu de los peregrinos desde el siglo IX que buscaban el premio de llegar a Santiago y la iluminación de recorrer un camino espiritual que todavía hoy atrae a los creyentes, y a los no tanto, de todo el mundo

Así, el Pirineo se convirtió en la puerta de entrada de nuevas formas de arte y de pensamiento que discurrían por el camino: el románico y el gótico. Son muchos los ejemplos que hoy podemos disfrutar: desde grandes catedrales como la de Huesca o Jaca (uno de los primero ejemplos del románico peninsular) a pequeñas ermitas erigidas en lugares imposibles. Muchas ciudades también se vieron fortalecidas por su vinculación a la ruta jacobea, como la propia Jaca. Se construyeron hospitales, monasterios… El intercambio social, cultural y económico fruto de esta peregrinación religiosa tenía pocos precedentes.

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Ruta de las Ermitas. Tella (Huesca)

Pero el Pirineo también ha sido lugar de frontera y lucha y, por lo tanto, de fortificación. Las relaciones entre los monarcas medievales poco tenían que ver, muchas veces, con las relaciones de vecindad que incluían un abundante intercambio cultural y económico. Las guerras entre esos reyes entorpecían esas relaciones comerciales y sus tensas relaciones provocaban incursiones  a uno y otro lado. Así eran continuos los planes de construcción y reconstrucción de fortalezas, de destrucciones y de pagos de tributos de unos y otros. Los conflictos no sólo se producían con los vecinos del norte: muchas veces las tensiones y enfrentamientos venían de los valles vecinos a este lado de la montaña.

De época mucho más reciente datan ejemplos como la torre de Fusileros, cerca de Canfranc. El Valle del Aragón ha sido desde épocas antiguas un paso natural de comunicación entre España y Francia. Con las invasiones napoleónicas recientes y la construcción de la nueva carretera, a finales del siglo XIX, se inició la construcción de dos torres defensivas, una a cada lado de la carretera. Hoy sólo conservamos una de ellas que ha sido recientemente restaurada.

Pero, sin  lugar a dudas, uno de los proyectos recientes más importantes para convertir el Pirineo en una especie de muralla china fue el proyecto de la Línea P, aunque nunca llegaría a ponerse en marcha. Tras la victoria en la Guerra Civil, el nuevo régimen de Franco inició un proyecto para fortificar los 500 kilómetros de la cordillera pirenaica frente a posibles invasiones. Se planteó la construcción de unos 8.000 bunkers, de los que sólo se finalizaron uno 5.000 y que nunca se llegaron a utilizar. El proyecto, de alto secreto, se ha empezado a estudiar en los últimos años. Hoy podemos encontrar en Aragón muchas de estas construcciones. Si quieres saber más pincha aquí.

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Imagen de un bunker perteneciente al blog: http://elultimodestino.wordpress.com

Durante la Guerra Civil, las viejas sendas y puertos se convirtieron en vías de escape. Y sobre todo al final. Con el avance de las tropas franquistas hacia el norte, la única solución para las tropas republicanas y la población civil fue la de atravesar la cordillera rumbo a Francia. Uno de los ejemplos paradigmáticos fueron los acontecimientos conocidos como “La Bolsa de Bielsa”, donde las tropas republicanas que quedaban en esta población sobrarbense, junto con los civiles, tuvieron que abandonar la población cruzando hacía Francia por el “puerto viejo”, lleno de nieve.

Tras la guerra, las sendas pirenaicas, se convirtieron en el paisaje natural para los guerrilleros del maquis o para los estraperlistas. Eran los tiempos de la posguerra, del hambre y de los pueblos destruidos.

Hoy Aragón y su Pirineo cuenta con alguna infraestructura moderna, pero sobre todo tiene muchos sueños por cumplir.

El túnel del Somport ha sido una de las obras más importantes. Un encuentro bajo tierra de dos países, España y Francia, que suponía más de ocho kilómetros y medio de túnel carretero y la consecución de muchos años de estudios y trabajos desde 1987. La vía se inauguró en 2003 y todavía hoy sigue esperando la mejora de los ejes carreteros de uno y otro lado del túnel. Hoy es el principal punto de unión con Francia desde Aragón y supone continuar transitando por un paso natural documentado ya desde época romana. Así el nombre Somport, parece proceder de esa época, significando “Somus Porta” (Somos la Puerta) haciendo referencia al paso entre Hispania y la Galia. Otra de las teorías que se manejan para su significado es “summus portus” (el puerto más alto).

Uno de las reivindicaciones más importantes es la comunicación con Francia a través de la línea internacional de Canfranc. La historia es conocida por todos, la línea, inaugurada por Alfonso XII en 1928, fue clausurada en 1970 por unos derrumbes en el lado francés. A partir de ahí, la espera. Pero esta historia no está completa si no hablamos de la Estación de Canfranc, uno de los edificios más importantes del modernismo aragonés e imponente postal en mitad del Pirineo. Los trabajos realizados en los últimos años y la reciente adquisición por parte del Gobierno de Aragón han evitado la desaparición de un edificio emblemático con futuro incierto.

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Estación de Canfranc en obras. Año 2009. Canfranc (Huesca)

Como vemos el valle del Aragón es paso natural, pero no el único. Otras vías carreteras son el Túnel de Bielsa, donde se están realizando trabajos de consolidación, o el paso del Portalet. El mal estado de las carreteras, sobre todo en el lado francés, sigue siendo otra de las grandes reivindicaciones.

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Salida del túnel de Bielsa-Aragnouet por el lado francés.

¿Y el futuro? En los últimos años se habla de la Travesía Central del Pirineo (TCP), una nueva vía de comunicación con Francia que competiría con los tradicionales pasos de La Junquera o Irún. No hay un proyecto definitivo, pero parece claro que habrá que contar con el inmenso valor natural de nuestras montañas y con la opinión de los habitantes de las mismas.

El Pirineo ha ejercido, como hemos visto, de frontera y de paso, de muro y de punto de encuentro. Aun en épocas difíciles, la comunicación ha existido y los puentes se han tendido. De nuestra labor y esfuerzo depende que cada día sirvan más de paso y comunicación y menos de frontera.

 

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Categorías: Paisajes y comarcas | 1 comentario

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Un pensamiento en “El Pirineo; paso, frontera y punto de encuentro.

  1. Si te apetece ver unos cuantos mojones de los Pirineos pincha en: http://www.mojonesdelospirineos.com
    Un saludo.

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