La Aljafería y Avempace

El legado musulmán en Aragón se hace presente entre nosotros al pasear por nuestros campos, al hablar con nuestros vecinos o al detenernos a contemplar una torre mudéjar. Y gracias a la labor de zaragozanos tan ilustres como Ibn Bayya, al que todos conocemos como Avempace, también está presente en el origen de nuestra forma de pensar e interpretar el mundo. Un filosofo genial que influyó de manera determinante en el pensamiento medieval pero que destacó en muchos aspectos. Hoy os invitamos a conocerle un poquito a través del mejor de los escenarios, la Aljafería de Zaragoza, el lugar más emblemático para ilustrar el Islam en nuestra tierra.

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Aljafería de Zaragoza

 La Aljafería es un lugar fascinante. En sus salones, en otro tiempo sede de la corte real y lugar de celebración de las grandes coronaciones, se respira Historia de Aragón con mayúsculas. Su corazón, el Salón Dorado, nos traslada a su origen, a la Zaragoza musulmana de la época de los Reinos de Taifas. Un momento de florecimiento económico y cultural que puso a Zaragoza en el mapa del Islam. Fiel testigo de ello se mantiene orgullosa la Aljafería y el recuerdo de Avempace, uno de sus más ilustres moradores.

A mediados del siglo XI la familia de los Hudíes tomaron el poder de la taifa zaragozana y establecieron una nueva dinastía de reyes-sabios, especialmente cultivadores de las ciencias y las artes. Al Muqtadir, el segundo y el más poderoso, fue quien mandó levantar la Aljafería para convertirla en sede de su distinguida corte. Una corte que pronto se vio poblada de filósofos, científicos y artistas venidos de todos los puntos de la Península Ibérica. Sabios ajenos al fundamentalismo que encontraron en Al Muqtadir, un rey capaz de tolerar animales en la decoración de su palacio y, como se cuenta, servir vino y cerdo en sus banquetes, al compañero perfecto para desarrollar su trabajo.

Cortesanos en Al Ándalus.

La corte de Zaragoza debió ser una especie de paraíso terrenal. Su importancia era reconocida en todos los confines del Islam y las noticias de su lujosa corte y sus fastuosas  fiestas corrían como la pólvora entre los reinos vecinos, especialmente entre los cristianos, cuya imaginación se alimentaba con facilidad.

Es precisamente en estos años cuando nace Avempace en el seno de una humilde familia de plateros zaragozanos. Oficio que probamente ocupó su juventud hasta que, seguramente, sus propias dotes de genio le llevaron hasta la Aljafería.  Apenas sabemos nada de su juventud, pero no es difícil imaginar que todo su talento lo comenzó a desarrollar en la corte de los reyes hudíes que siguieron la estela de Al Muqtadir.

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Salón Dorado de la Aljafería

Podemos imaginar al joven Avempace  a los pies del trono, en el maravilloso Salón Dorado, cuya decoración de paredes y techos simulaba el firmamento. Bajo unas inscripciones con versos describiendo el cosmos que rodeaban toda la sala. Seguramente allí, oyendo las tertulias de los grandes físicos con el rey, inició su conocimiento del mundo lunar y sublunar, que es como se conocía entonces. También comprobando sus teorías desde el torreón (Torre del Trovador) que en esos años se utilizó de privilegiado observatorio astronómico. Unas teorías sobre el movimiento de los astros que años después puso por escrito y que le valieron para gastar alguna que otra broma.

Cuentan que en el funeral de un amigo suyo que coincidía con un eclipse lunar, leyó unos versos en los que solicitaba a la luna que se ocultase en señal de duelo. Ya podéis imaginar la cara que debieron poner los asistentes cuando momentos después tuvo lugar el eclipse y, por supuesto, la fama que este hecho le dio.

Techumbre del salón del trono en la Alhambra de Granada.

También podemos imaginarle en el Salón Dorado cultivando su gusto por la música. Escuchando relajados conciertos y melodías. Asistiendo a danzas sufíes que llevaban a sus intérpretes al éxtasis espiritual. Quizá también disfrutando de desenfrenadas fiestas en las que hermosas bailarinas hipnotizaban a los asistentes con sus movimientos. Fiestas que fueron muy afamadas en esta época. Seguramente tomó buena nota de todas aquellas sintonías para escribir sus tratados de música.

Lo mismo podemos pensar de sus incursiones literarias. Dicen que pudo ser él quien inventará el género del “zéjel” fusionando poesía árabe clásica y romances cristianos. Si realmente fue así, el clima que creaban los recitales de poesía que tenían lugar en el Salón Dorado de la Aljafería sería el lugar más adecuado para este tipo de experimentos.

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Patio de Santa Isabel en la Aljafería.

Cambiemos ahora de escenario y pasemos ahora al precioso patio de Santa Isabel donde se encuentra el jardín. Un lugar diseñado para disfrutar de sus frutos, de la sensualidad de sus aromas, de sus colores, de sus sombras… Y, por supuesto, del sonido del agua, como es propio de un jardín musulmán. Un pequeño jardín botánico donde podías encontrar plantas aromáticas, flores, especies autóctonas y otras venidas de lugares lejanos. No se me ocurre un lugar mejor para inspirar a Avempace su interés por el mundo vegetal y favorecer el desarrollo de sus observaciones de tipo médico con plantas medicinales.

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Avempace dibujado por José Luis Cano.

Eso sí, si en algo destacó verdaderamente Avempace fue como filósofo. Él introdujo el pensamiento de Aristóteles en la Europa occidental y sus comentarios y teorías influyeron de una manera decisiva en el posterior pensamiento hispanomusulmán. Avempace quiso unir el pensamiento basado en la razón, propio de Aristóteles, con la tradición espiritual propia del Islam. Una tradición de la que tuvo que beber necesariamente en sus años de juventud en la corte hudí, profundamente inspirada por el neoplatonismo y la mística de los musulmanes sufíes. Los filósofos, poetas, músicos y danzantes sufíes que poblaban la Aljafería en esos años inspiraron su pensamiento. Basado en reconocer como finalidad del hombre la unión con Dios a través la inteligencia.

Danza de los derviches sufíes.

Los últimos años que pasó en la Aljafería acabó haciendo carrera política y fue elegido visir por el gobernador designado en Zaragoza tras la invasión de los Almorávides. Posteriormente, tras la conquista de Zaragoza por los cristianos, se exilió.

En definitiva, Avempace es todo un personaje por descubrir tan interesante como la propia Aljafería. Un tipo extraordinario a la altura de los más grandes cuya genialidad le hizo llevar una vida apasionante en la que contrajo grandes amistades y enemistades. Y fruto de ellas acabó sus días en Fez, envenado en el año 1138.

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Categorías: Los aragoneses | 1 comentario

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Un pensamiento en “La Aljafería y Avempace

  1. Anónimo

    Gracias por habernos ilustrado sobre la historia del palacio de La Aljafería . Cuando vuelva a verle, recodaré esta publicación.

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