La Torre cárcel de Broto y la Junta del Valle

El valle de Broto, al norte del Sobrarbe, es uno de los más bellos de todo el Pirineo aragonés. Además de un poseer un impresionante patrimonio natural que atrae cada año a miles de visitantes, se encuentra salpicado de pequeños municipios que conservan un marcado carácter montañés presente en su arquitectura. Pueblos dotados de altos campanarios que, calles empedradas, casas de piedra con tejados de loseta y, especialmente, torres defensivas. Entre todas ellas, destaca la Torre cárcel de Broto; famosa por sus grabados. Un espacio singular que ha desafiado el paso del tiempo manteniéndose en pie para dar testimonio de la vida en los altos valles pirenaicos.

Torre cárcel de Broto. (Blog de Kepa Castro)

La Torre de Broto es una construcción defensiva que fue construida para proteger el paso y cobrar el pontazgo del antiguo puente sobre el río Ara. Un puente que fue destruido en la Guerra Civil pero que todavía conserva sus arranques y una de las arcadas. Sin embargo, la torre cobró verdadera importancia cuando fue convertida en cárcel de la Junta General del Valle de Broto.

Valle de Broto. (Web Valle de Broto)

Broto es la cabecera histórica del valle y en este municipio tenía su sede de la antigua Junta General del Valle. Una institución propia de los valles pirenaicos que se encargaba de regular el aprovechamiento de los pastos comunes pertenecientes a todos los vecinos del valle. Una tarea esencial para la difícil economía montañesa. En la actualidad esta función la asume la Mancomunidad del Valle de Broto creada en 1925 y constituida por los municipios de Broto, Torla, Asín de Broto, Buesa, Fragen, Oto, Linás de Broto, Sarvisé, Yosa, Ayerbe de Broto y Escartín. Estos tres últimos desgraciadamente ya despoblados.

Rebaño en el Pirineo (Web de Siglo XXI de Aragón)

Antes de la invención del turismo la economía de los valles del Pirineo estaba basada en la ganadería, principalmente trashumante, y en menor medida en la agricultura. En este hábitat eminentemente ganadero, la organización y el reparto de las zonas de pasto era una función vital. La subsistencia de muchas familias dependía de la posibilidad de contar con pastos en verano con los que alimentar al ganado, y ello, lógicamente, daba lugar a muchos conflictos. Principalmente, entre valles vecinos ya que no siempre estaban bien delimitadas las fronteras entre unos y otros. Por ejemplo, durante muchos siglos el Valle de Broto estuvo en continuo conflicto con la región francesa del Bareges por el aprovechamiento de los pastos comunes del puerto de Garvarnié.

Circo de Gavarnie.

Las juntas generales eran las encargadas de defender los intereses de cada valle mediando en las disputas. Por lo tanto, se convirtieron en algo más que una mera institución de carácter socioeconómico. La Junta General del Valle de Broto fue creada en el primer tercio del siglo XIII a raíz de un privilegio otorgado por Jaime I. En él que se reconoce a los habitantes del valle la posesión de los puertos que tradicionalmente habían formado parte de sus términos, y el derecho al libre aprovechamiento de sus pastos. Este privilegio no se ha conservado, pero sí se tiene constancia de otros posteriores que lo corroboran. El más antiguo de ellos es el emitido por Jaime II en 1323.

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Cárcel.

Al ser tierras del rey, al frente de cada Junta General se erigía la figura del Justicia del Valle, cargo elegido por el propio monarca entre los infanzones de la zona, que ejercía como representante del poder real. Era el encargado de presidir y convocar las reuniones, aunque no podía tomar parte en sus decisiones; hacía de intermediario entre la Junta y el monarca; y ejercía de representante de la misma en los pleitos. Además, como representante de la autoridad real, tenía potestad para impartir justicia en materia civil y criminal y, por lo tanto, podía imponer penas de prisión a los acusados por algún delito. Aunque lo más común era el establecimiento de multas.

casa del valle

Torre y Casa del Valle de Broto. (Web del Valle de Broto)

A finales de la Edad Media la Junta y el Justicia del Valle de Broto establecieron su sede estable en Broto, en una casa anexa a la torre de fábrica similar que se conoce como la Casa del Valle de Broto. La Mancomunidad todavía celebra allí sus juntas y guarda su archivo documental. Y como causa directa de las prerrogativas que en materia civil y criminal gozaba el Justicia, la torre pasó a usarse como cárcel. Lo que explica su aspecto compacto y uniforme en la actualidad y, sobre todo, la presencia de su mayor atractivo: los extraordinarios grabados carcelarios que alberga en su interior.

grabado carcel de broto

Grabado de la Virgen con el niño Jesús. (Web Valle de Broto)

Los grabados de la Torre cárcel de Broto son un conjunto único y sorprendente. Fueron realizados por diferentes presos que habitaron el calabozo superior ubicado en la planta intermedia entre los siglos XVIII y XX. Seguramente se trataba de pastores a la espera de juicio que fueron detenidos por no respetar las zonas de pasto o robar ovejas. Quizá también si habían cometido delitos de sangre, aunque muy probablemente este tipo de reos era alojado en la mazmorra inferior a la que se accede por dos trampillas abiertas en el suelo.

La mayoría los firma un personaje del siglo XVIII llamado Miguel Guillén y el resto son ampliaciones realizadas por otros presos utilizando su mismo estilo. La técnica usada consistía en realizar incisiones con un punzón en las paredes ennegrecidas por el humo para sacar el mortero de cal blanca.

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Altar. (Blog de Miguel A. Sánchez)

Los grabados muestran dibujos muy sugerentes. La mayor parte de tema religioso: vírgenes, santos y símbolos religiosos. Algunos incluso formando un altar decorado con cruces, ángeles y tibias cruzadas que debió utilizarse para rezar. Entre ellos destacan devociones propias de los hombres de estas montañas como San Pedro, San Cristóbal, San Jorge, Santa Ana o Santa Isabel de Portugal.

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Entrada al calabozo. (Blog Paisajes de Ordesa)

También aparecen grabados de carácter profano como animales, músicos y árboles; símbolos de identidad como el Árbol del Sobrarbe y el escudo de Aragón; y rasgos geométricos, la mayoría a modo de numerales, que recordaban al preso los días que estaba encerrado. Finalmente, inscripciones y firmas.

En definitiva, se trata de unos grabados que si bien no gozan de mucha calidad artística, si que forman parte importante de nuestro patrimonio cultural. Suponen una fuente sin igual de información para el conocimiento y estudio de las costumbres y creencias religiosas puesto que en ellos se reflejan toda una serie de representaciones que nos hablan de las creencias y supersticiones del hombre montañés.

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