“El retorno de Sefarad a Tarazona”

Ya solo faltan dos días para que la judería de Tarazona vuelva a tomar forma. Este próximo viernes se inicia una nueva edición de las jornadas “El Retorno de Sefarad a Tarazona” que todos los veranos llena de vida, cultura, teatro y música las antiguas calles de la judería turiasonense con el objetivo de difundir y recrear la presencia de la cultura sefardí en Aragón. ¿Quiénes eran estos sefardíes? ¿Cómo vivían? Sin duda, un aspecto muy interesante de nuestra Historia que gracias a esta iniciativa podemos conocer mejor de un manera muy divertida.

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La presencia judía en Aragón se remonta al siglo IV y se prolongó a lo largo de toda la Edad Media. Siempre en minoría, los judíos de Sefarad, termino hebreo con el que denominaban a la Península Ibérica, vivieron bajo el dominio primero de musulmanes y después de cristianos. Como “gentes del libro”, es decir, miembros de una de las religiones reveladas, fueron tolerados por ambas comunidades y los acogieron en sus dominios otorgándoles cierta autonomía. Incluso, a pesar de no ser ciudadanos de pleno derecho, tuvieron acceso a la propiedad de la tierra y pudieron ejercer sus oficios con total naturalidad.

En el aspecto material los judíos no eran esencialmente diferentes a los cristianos y musulmanes. Al igual que en el resto de comunidades al frente de la judía había una élite de familias ricas y poderosas que ocupaban los cargos y oficios de prestigio. En este caso, muchos de ellos dedicados al comercio, la banca y el arriendo de impuestos. Actividades en las que tradicionalmente siempre destacaron los judíos. Por debajo, una masa de profesionales liberales (los médicos sefardíes eran muy reconocidos), comerciantes y artesanos que compaginaban sus labores con la explotación de pequeñas parcelas de tierra y algún animal destinado al autoconsumo.

Prestamistas judíos en las Cantigas de Alfonso X el Sabio.

Prestamistas judíos en las Cantigas de Alfonso X el Sabio.

En Aragón los judíos eran patrimonio del rey y estaban bajo su directa protección. Vivían agrupados en barrios llamados juderías. El aspecto de estos espacios no difería en nada del resto de barrios de una ciudad. La arquitectura sefardí no dejó huellas características. Sin embargo, su recuerdo y su urbanismo se mantiene vivo en muchas localidades de Aragón. En muchas de ellas todavía se conserva el recuerdo del nombre de sus calles o el de sus puertas de acceso.

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Judería de Tarazona (www.redjuderias.org)

Tarazona es precisamente uno de esos lugares privilegiados donde el recuerdo de su judería se ha mantenido presente. En ella llegaron a vivir un importante y dinámico núcleo de familias hebreas cuya memoria ha sido recuperada gracias a la labor de la Asociación de Amigos de la Cultura Judía de Tarazona “Moshé Portella”. Un grupo pionero en la puesta en valor de este pasado y este patrimonio tan rico. Fruto de su iniciativa se ha abierto al público el Centro de Interpretación “Moshé Portella”. Ubicado en plena judería de la ciudad en él se aborda el conocimiento de la historia y las claves de la cultura sefardí.

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Centro de Interpretación Moshé de Portella (MIPCA)

Las juderías eran lugares con una identidad religiosa muy marcada. Mantenían su propia organización social y sus propias leyes atendiendo a los preceptos del Talmud. Contaban con un concejo (gobierno) propio. Sus representantes llevaban a cabo las tareas administrativas  y se encargaban de velar por el cumplimiento de los preceptos religiosos.

Sus miembros eran fervientes creyentes y guardaban con mucho celo tanto sus costumbres y como la pureza de su estirpe. A pesar de todo compartían espacio y labor con el resto de comunidades religiosas y eso tuvo aspectos muy positivos que se reflejan en el pensamiento, el arte y las letras medievales.

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Judería de Tarazona (Archivo de la DPZ)

El sentimiento de comunidad entre sus habitantes estaba muy presente. Toda la vida en comunidad giraba en torno a la sinagoga que era el edificio más importante de la judería y el verdadero centro social. No era solo un lugar de culto donde compartir la fe sino un espacio público multifuncional. En su interior se reunía el concejo y los tribunales y se realizaban las tareas de gobierno. También era sede de la escuela donde se adoctrinaba a los niños en los preceptos religiosos así como de muchas corporaciones benéficas que atendían a los más desfavorecidos.

En torno a la sinagoga tenía lugar el mercado y junto a ella solían ubicarse las tiendas de productos básicos para la comunidad. Por ejemplo, la panadería o la carnicería. En la carnicería de judíos se vendía la carne kosher, es decir, apta para el consumo de los miembros de la comunidad. Debía provenir de animales permitidos (nunca cerdo, entre otros) y sacrificados de forma ritual.

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Matanza ritual.

Sus calles y plazas también eran el escenario de las celebraciones en los días de fiesta. Bien fueran grandes festividades judías como la Pascua o Janucá, o bien celebraciones familiares como las bodas o el bar mitzvah; ceremonia de transito de la infancia a la juventud. En estas jornadas las calles se vestían de fiesta y la musica resonaba por todos los rincones. Pero la verdadera fiesta se vivía en el interior de las casas donde las mujeres de la familia preparaban con todo su cariño grandes banquetes y deliciosos dulces tradicionales elaborados siguiendo los estrictos preceptos de la cocina judía.

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Judería de Tarazona (www.redjuderias.org)

Este ambiente festivo que se vivía en juderías como la de Tarazona se recupera en estas jornadas de “El Retorno de Sefarad”.  A lo largo del fin de semana la música, el teatro, y la gastronomía cobran todo el protagonismo y devuelven la vida a sus calles. Las actividades programadas trasladan a los visitantes a pleno siglo XIII, precisamente el momento de máximo esplendor de la cultura sefardí. Unos años en los que la tolerancia hacia el pueblo judío favoreció en contacto cultural y la aparición de  personajes destacados como Moshé Portella, un judío turiasonense que a pesar de su condición religiosa llegó hasta las más altas esferas del gobierno y la administración real en tiempos de Pedro III el Grande.

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Actuación de Jako el Muzikante (www.redjuderias.org)

Precisamente, será Moshé Portella el protagonista de estas nuevas jornadas. Será él quien dará coherencia a las mismas pues todos los actos se enmarcan en 1280 y giran en torno a la representación de la visita de la reina doña Constanza de Sicilia a Tarazona para asisitir al “bar mitzvah” de uno de sus familiares. Una oportunidad que la reina no quiere dejar pasar para conocer en primera persona las costumbres y la cultura del pueblo judío.  ¿Os lo vas a perder? Es un plan magnífico para el fin de semana. Todo está preparado para disfrutar en familia. Así que no dudéis en acercaros por allí. Si queréis conocer el programa completo solo tenéis que pinchar aquí.

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