La tronca de Navidad

Como ocurre con otras muchas cosas, existe una tradición aragonesa que muchos olvidaron o que hoy pocos identifican como propia. Pero sabemos que en muchos de nuestros pueblos se hacía por navidad. Y  de hecho, afortunadamente, en algunos de ellos se ha seguido haciendo siempre. Por ellos y por los recuerdos que nos transmiten los más mayores, sabemos cuando y cómo se desarrollaba y qué es lo que se pretendía. Porque, en definitiva, para muchos aragoneses, la llamada “Tronca de Navidad” ha sido uno de los grandes acontecimientos destacados de estas fechas entrañables. Precisamente un rito ideal para reunirse en familia, que tiene distintas variantes, se relaciona con curiosas creencias y, sobre todo, ilusiona.

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La zona pirenaica o las comarcas más cercanas a Cataluña, una tierra donde la Tronca es y se ha potenciado como una de las actividades navideñas más arraigadas, son los lugares de Aragón en los que la tradición se mantiene o se ha vuelto a recuperar con más fuerza. A la tronca se la llama también zoca, tizón, troncada, toza o corniza de Navidad. Los estudiosos aseguran que es un ritual que hunde sus raíces en antiquísimas ceremonias paganas. Quizá estaban relacionadas con la fertilidad o con el Solsticio de invierno, la fiesta que sustituyó la navidad y que celebraba el triunfo del Sol sobre la oscuridad, pues es por este tiempo cuando se empiezan a ganar horas de luz. En definitiva, es posible que un rito muy similar se reprodujera hace muchos siglos aunque con objetivos muy alejados del actual.

Y es que, con el tiempo, todo evoluciona. Y también lo ha hecho esta actividad que hoy, en Aragón, se relaciona directamente con los más pequeños de la casa. Por ellos se crea el escenario, se mantiene la ilusión y se preparan los premios. Pero en el pasado era un ritual de toda la familia propio de la Nochebuena, con el que se quería proteger el hogar y en el que había incluso papeles marcados. Así, en algunos lugares era tradicional que fuera el más mayor de los hijos, el “heredero”, el que comenzase el rito “bendiciendo” con una frase como: “Buen tizón, buena brasa, Dios bendiga a todos los miembros de esta casa”.

fuego

Para el momento de la bendición se utilizaba el anís o el ron más fuerte de la casa, que se derramaba sobre el extremo de la Tronca más cercano al fuego. Al rozar el alcohol las llamas, el fuego se avivaba con fuerza por un momento, causando un impactante efecto para los niños que atendían con expectación al proceso. Otras frases recogida por la tradición para bendecir era “Yo te bendigo en el nombre de Dios y en el del niño Jesús que va a nacer esta noche” o “Tronca e Nadal, yo te bendizco en o nombre de o Pai, de o Fillo y de o Esprito Santo, Amen”.  Y el momento podía terminar con el cabeza de familia levantando el porrón y recitando la frase “Bebe tizón, bebe porrón, tú por a boca y yo por o garganchón” antes de echar un buen trago y santiguarse por la protección de la familia.

leñera para escoger

En todo caso el acto de la Tronca de Navidad comienza siempre con la elección del tronco de madera. Uno grande y especialmente llamativo, sobre todo si va a compartir escena con los otros que alimentan el fuego. Porque en el pasado el espacio natural de la tronca era el hogar u hogaril, auténtico centro de reunión de las familias aragonesas durante siglos. El fuego formaba parte del ritual. En realidad siempre ha estado presente en las grandes celebraciones aragonesas como elemento purificador, ligado al Sol que es el que hace posible la vida. De hecho la Tronca se mantenía en el fuego hasta el día de Reyes, quemándose poco a poco. A las cenizas se les atribuía un efecto fertilizante si se esparcían sobre los campos y el trozo que no se quedaba se guardaba en la falsa para protegerse frente a los rayos. Hoy pocas casas cuentan con hogar, así que el escenario y la simbología son a la fuerza diferentes.

hogar aragonés (cogida en el propio blog, en otra entrada)

No existe una modalidad única de Tronca o Toza de Navidad. Mientras que en algunos lugares el rito es sólo de protección y el leño es un meramente objeto simbólico, en otros es también una vía para dar un regalo a los niños, generalmente en forma de caramelos. Este tronco debería contar con un espacio hueco, mejor si lo es por completo. Así se facilita el proceso que se espera de la tronca, es decir, hace posible el truco con un mayor efecto de sorpresa sobre los niños. El que la Tronca de Navidad sea fuente de regalos también se identifica con la tradición, al asimilarlo a la recogida del fruto, motivo de especiales celebraciones en los antiguos hogares aragoneses.

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La tronca en Calaceite (Fuente: Periódico LA COMARCA)

Una vez escogido, el tronco se coloca en un lugar destacado de la casa, a poder ser convenientemente decorado y siempre con el complemento de una manta para proteger los secretos que guarda. Y tras la bendición, llega el momento de pedir. Los niños se colocan encima o al lado, y dan unos golpes a la Tronca con la mano o con un palo mientras recitan unas líneas a modo de conjuro, siempre con el objetivo final de que el tronco sea generoso.

Estas frases o rimas conjuradoras varían de un lugar a otro. Posiblemente la más antigua que se conoce es la recogida en un texto del siglo XVII por la Abadesa del Monasterio de Casbas (Huesca). En aragonés del momento dice:

“Toz la claman buena noche,

dirálo la colazión

y lo tizón de Nadal

que ye nombrado tizón”

IMG_8071

La tronca en Mazaleón (Fuente: Periódico LA COMARCA)

La siguiente fue recogida por el escritor Ramón J. Sender en Alcolea del Cinca:

“Tronco de Nadal, manda al mayoral que nos dé confites la noche pascual”

En otros lugares la fórmula es más sencilla y se exhorta directamente al leño gritándole “¡caga tronca!”. O incluso se les pide algo concreto, como en la frase que se dice en la zona oriental de Aragón: “Tronca de Navidad caga turrons y pixa vi blanc”.

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La tronca en Alcorisa (Fuente: Periódico LA COMARCA)

Y, si todo va bien, los trozos de turrón, los polvorones, las nueces o, sobre todo, los caramelos, aparecen mágicamente desde dentro del tronco o junto a él. Como si el tronco, en realidad, los cagara. Entonces la Tronca de Navidad obra el mayor de los trucos: provoca la alegría y la ilusión de los más pequeños. Es la mejor de las consecuencias de esta tradición navideña que, en definitiva, sostiene y aviva el calor del hogar.

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Categorías: Fiestas y sabores | 1 comentario

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