El carnaval de Bielsa: criaturas icónicas.

En Aragón, tierra de tradiciones engarzadas con profundas creencias, el Carnaval es una fiesta muy celebrada. Se une claramente con el ciclo de la vida, las estaciones y los cambios lunares. Además se relaciona directamente con una fecha especialmente señalada en la liturgia cristiana: la cuaresma. Es oportunidad de desahogo y de exceso antes del período de recogimiento y contrición. Explicación religiosa para una celebración que podría tener su origen en las más antiguas y desinhibidas fiestas paganas. Como las que se realizaban en honor a Baco, el Dios del vino romano, también conocidas como “bacanales”.

Trangas y madamas (Fuente: huescalamagia.es)

La característica común de las celebraciones de carnaval es la máscara o el disfraz. Una derivación de la idea de que es un día en el que todo vale y, por tanto, resulta conveniente acogerse a la libertad que ofrece el anonimato. Eso sí, en algunos lugares se han establecido ciertas normas comunes de vestimenta y presentan una imagen uniformada y diferenciada respecto a los demás carnavales. Ocurre en Venecia, donde sus características máscaras definen una forma de celebrar. En otros casos se ha desarrollado una historia y se han creado unos determinados personajes que otorgan a la fiesta una naturaleza muy especial. En Aragón hay varias celebraciones singulares por Carnaval y, entre ellas, destaca por muchos motivos la de la localidad pirenaica de Bielsa.

El Carnaval de Bielsa cuenta con gran popularidad por su arraigo tradicional y por su curioso ramillete de personajes. Los actos se desarrollan durante tres días y se conjugan con la espectacularidad de un entorno con importantes alicientes turísticos y la atracción de los rincones de la propia localidad. Es un ritual que parece haber sobrevivido a los avatares de la historia y manteniéndose con características muy similares a las de hace siglos. Y es que sus particularidades se relacionan directamente con ritos precristianos y leyendas transmitidas durante generaciones. Historias míticas reflejadas en los curiosos personajes que hoy en día siguen saliendo a la calle en dos intensas rondas durante el fin de semana de carnaval, previo al miércoles de ceniza.

Oso y Tranga del Carnaval de Bielsa. (Fuente: panoramio.com)

Es, por ejemplo, el caso del “oso” u “onso”, protagonista de un ancestral rito pirenaico. La tradición cuenta que si la bestia sale de su cueva durante su hibernación y encuentra luna llena, vuelve de nuevo a la madriguera y retrasa la entrada de la primavera cuarenta días más. En cambio, si es noche cerrada, vuelve a su vida habitual y adelanta el ciclo vital que marca la sociedad rural. Es por eso que el personaje del “oso” del Carnaval de Bielsa lleva la cara pintada de negro, para convencer al simbólico animal de que se han acabado los rigores del invierno. Una clara relación con las creencias populares.

Para disfrazarse de oso, los de Bielsa se embuten en un enorme saco de arpilla lleno de hierba seca, cubierto a su vez por una piel de oveja. Utilizan un par de palos para recrear las dos patas delanteras mientras andan encogidos y muestran la fiereza que se supone al animal. Van con una cadena atada al cuello que sujeta otro personaje, el “domador”. Éstos son los encargados de controlar la fuerza y el espíritu salvaje de los animales. Y para ello se arman con un palo grueso para golpearlos. Aunque también se ocupan de su bienestar, asegurándose de que no les falte comida y bebida.

Madamas. (Fuente: Archivo de la Comarca del Sobrarbe)

Así, y aunque teñido de mitología, en el Carnaval de Bielsa también se impone el disfraz y los cambios de roles. La gente se disfraza, sí, pero de una galería de personajes muy característicos unidos con las razones de las fiestas más antiguas. Son las que se referían directamente a la naturaleza, al ciclo vegetal que comienza con la entrada de la primavera. La celebración más tradicional pretendía posiblemente adelantar ese periodo, reafirmando el poder del hombre sobre la naturaleza. Pero, además, siempre se ha pretendido “exorcizar” todos los males del pueblo y terminar con el espíritu de la comunidad limpio y renovado, preparado para empezar de nuevo. Para ello se crea un símbolo de lo malo, el muñeco conocido como “Cornelio Zorrilla”, que tras múltiples vejaciones acaba en la hoguera, como vehículo de esa catarsis colectiva.

Trangas y Cornelio Zorrilla al fondo. (Fuente: casasantoroman.net)

Cornelio Zorrilla es el personaje inanimado que se pone al frente del particular universo que configuran los belsetanos. Entre los roles interpretados por la gente, muy definidos en sus características y con sus propias reglas y comportamientos, destaca especialmente la “tranga”, posiblemente el personaje más representativo del Carnaval de Bielsa. Llevan una saya gruesa, camisa de cuadros y, desde la cabeza hasta la cintura, les cae una larga piel de choto coronada con los cuernos del mismo animal. En la espalda, a la altura del cinturón, portan unos llamativos cencerros que hacen sonar con estruendo mientras caminan. Relacionadas directamente con la virilidad y la fertilidad, se mueven con actitud desafiante y agresiva, persiguiendo a las mozas y asustándolas con su aspecto. Recrean seres mitológicos y buscan el temor que un día debieron sentir sus antepasados ante lo desconocido.

Trangas (Fuente: casasantorroman.net)

Aún hay más protagonistas en los pasacalles que recorren Bielsa durante el Carnaval. A los ya citados se unen otros personajes en algún caso muy llamativos. Como el del “amontato”, un disfraz que simula a una vieja llevando a un hombre a las espaldas, el del “caballé”, que es un caballo de mimbre recubierto de una falda amplia adornada con cascabeles, la “garreta”, un disfraz confeccionado con pañuelos de colores, o el de la “hiedra”, que cubre todo el cuerpo con hojas de esta planta. Además hay que citar a la “madama”, la excepción entre tantos disfraces masculinos o de bestias y monstruos. Se trata de un disfraz que lucen las jóvenes belsetanas, compuesto por un vestido claro adornado con multitud de cintas de colores. Van elegantemente peinadas y pintadas, simbolizando la belleza.

Amontato. (Fuente: Archivo de la Comarca del Sobrarbe)

En definitiva todo un despliegue de imaginación, fantasía y color, para celebrar el inicio de la vida. Una fiesta antiquísima, de fundamentos míticos, que ha sabido unirse a la tradición cristiana y permanecer. Por suerte, hoy sigue sorprendiendo a todos los que visitan la población pirenaica en los días de Carnaval. Y se ha convertido en un símbolo, ofreciendo imágenes icónicas para definir la especial idiosincrasia de las gentes del Pirineo.

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Categorías: Fiestas y sabores | Deja un comentario

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