El legado ibérico del Bajo Aragón

Apenas quedan restos de lo que fue, pero son los suficientes como para hacernos una idea de la relevancia que tuvo la cultura ibera en el Bajo Aragón. Casi una veintena de yacimientos arqueológicos en cinco comarcas se han puesto en valor con la labor del Consorcio de Patrimonio Ibérico de Aragón. La Ruta Iberos en el Bajo Aragón es una apuesta por el turismo cultural que también oferta, junto a los yacimientos, un buen número de actividades. Entre ellas hay dos eventos recreacionistas muy arraigados: “Sedeisken” en Azaila y “Lakuerter” en Andorra.

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La torre ibera de Valdeltormo con la señalización de la Ruta. Fuente: Iberos del Bajo Aragón.

Fueron los griegos los que llamaron “Iberia” a la Península Ibérica, allá por el siglo VI antes de Cristo. Las teorías más aceptadas dicen que por el nombre de los ríos Hiberus (el actual Tinto) y el Iber (el actual Ebro). El territorio lo ocupaban entonces etnias o tribus que, según los propios griegos, tenían distintas costumbres y niveles de desarrollo. En una obra literaria escrita en el siglo IV a.C., titulada “Ora Marítima” y escrita por el poeta Rufo Festo Avieno, señala con el nombre de “ibero” a las gentes que vivían en el levante de la Península y los diferencia de los pueblos del interior, los celtas, de los que dice son “menos civilizados”.

¿Qué hizo que las poblaciones indígenas de la Península Ibérica se desarrollaran de forma diferente? Los expertos señalan como fundamental el influjo de las civilizaciones fenicia, indoeuropea o, posteriormente, la griega. Sus usos sociales y comerciales alcanzaron todas las costas del mar Mediterráneo. Las expediciones desde la zona oriental fueron cada vez más frecuentes e incluso se asentaron de forma estable en algunos lugares. Durante siglos se crearon intensas relaciones que se hicieron notar en la cultura de los pueblos autóctonos. Aportaron, por ejemplo, la alfarería en torno, la arquitectura angular, los distintos usos del aceite o la elaboración del vino. En el interior, mientras, seguían siendo fuertes las influencias celtas del centro de Europa.

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Reconstrucción de vivienda iberas en el poblado de El Cabo, en Andorra. Fuente: Iberos del Bajo Aragón.

Aunque compartían una cultura común, los iberos no eran un pueblo unido políticamente. Se organizaban en ciudades-estado fortificadas, a la cabeza de un territorio dependiente del que obtenían los recursos necesarios. La zona oriental de Aragón, en el espacio delimitado por los ríos Ebro, Matarraña, Guadalope y Bajo Martín, estaba ocupada por los llamados “Ositanos” o “Ausetanos del Ebro” que se han relacionado con la ciudad de Osicerda. Citada por los autores clásicos y situada por Ptolomeo al Sur de Zaragoza y un grado al oeste de Tortosa, nadie ha podido aún localizarla con exactitud. Existen monedas acuñadas allí y se sabe que gozó de un fuero latino. Algunas teorías la ubican en Alcañiz, La Puebla de Híjar o Mas de las Matas.

En unos 50 kilómetros a la redonda, en el territorio de los Ositanos se encuentran los restos de lo que fueron grandes ciudades (Cabezo de Alcalá y El Palao), pequeños poblados fortificados (El Palomar, La Guardia, San Antonio, San Cristóbal o El Taratrato), necrópolis (Loma de los Brunos o El Cabo), relevantes estructuras defensivas (San Pedro y Torre Cremada) y hornos cerámicos (Mas de Moreno). Además, y tras el obligado traslado de un antiguo yacimiento, Andorra creó un parque arqueológico (El Cabo) donde se han reconstruido las viviendas iberas tal como fueron.

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Mapa de la Ruta Ibera del Bajo Aragón. Fuente: Iberos del Bajo Aragón.

La creación del Consorcio Patrimonio Ibérico de Aragón permitió canalizar en un único proyecto las variadas iniciativas de distintas administraciones para la gestión y explotación de los vestigios históricos de toda esa zona. Desde entonces se está desarrollando un único modelo de trabajo que busca el mantenimiento y la mejora de los yacimientos, su puesta en valor a través de una red de centros de interpretación y la realización de actividades que generen interés y dinamicen la zona.

Entre estas actividades hay un concurso de fotografía, charlas y talleres, campañas de excavación o jornadas de puertas abiertas que pretenden dar a conocer el trabajo de investigación que se realiza en los yacimientos. Aunque las acciones que congregan más visitantes son las recreaciones de la época. Dos citas anuales que han apostado por involucrar al conjunto de las poblaciones de Azaila y Andorra, reviviendo la época ibera con dos ferias: Sedeisken y Lakuerter.

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Visita al Cabezo de Alcalá de Azaila durante la fiesta de Sedeisken. Fuente: Ositanos

La pequeña población del Bajo Martín lleva ya doce años celebrando Sedeisken. Es una jornada intensa en la que además de poder visitar el yacimiento del Cabezo de Alcalá, el más grande y mejor conservado de Aragón, los visitantes conocen el modo de vida de los iberos allí.  En el centro de visitantes, junto a la exposición permanente sobre la influencia itálica en el mundo ibérico, se desarrollan actividades que reproducen la vida cotidiana de iberos y romanos. Por ejemplo cómo se cocinaba, se elaboraba cerámica o se trabajaban los metales. Es un día para comer como entonces y para divertirse con las representaciones teatrales propias del cambio de era.

En esta feria de septiembre, Azaila reúne a distintos grupos de recreación histórica, tanto de la comunidad aragonesa como de otros territorios, bajo una estricta supervisión científica. Participan activamente los “Ositanos”, el grupo recreacionista ibero radicado en Alcañiz y surgido con el apoyo del propio Consorcio de Patrimonio Ibero. Están presentes en todas las actividades que se celebran en la zona y representan a los iberos bajoaragoneses en otras recreaciones en España.

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Celebración de Sedeisken en Azaila. Fuente: Turismo Aragón.

Se sabe que en las cercanías de Andorra existía un asentamiento ibero en el siglo V antes de Cristo. En la actualidad, los vecinos recuerdan a los que pudieron ser sus primeros habitantes durante el segundo fin de semana de noviembre. La cita se conoce como “Lakuerter”, palabra aparecida en una cerámica ibera. Reúne a miles de personas que la disfrutan y participan en ella, vistiéndose como podían hacerlo en el tiempo de los iberos o reproduciendo sus distintos usos y costumbres. Un mercado de inspiración ibera con todo tipo de productos artesanales ocupa las principales calles para dar ambiente y mayor atractivo al encuentro.

Las representaciones, los desfiles festivos, los talleres o las exposiciones temporales son la base de esta fiesta que descansa en los clanes iberos y la guarnición romana en las que se organizan los andorranos. Todos ellos, ataviados para la ocasión, conforman una especie de poblado antiguo con tiendas y espacios para la convivencia.

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Celebración de Lakuerter en Andorra. Fuente: Turismo Aragón.

Sedeisken y Lakuerter son los principales acontecimientos en una ruta abierta todo el año. Un recorrido que, además de los propios yacimientos y centros de interpretación, ofrece muchas más actividades para disfrutar del importante legado ibero que quedó en el Bajo Aragón.

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Categorías: Claves de la Historia, Historia y Arte | Deja un comentario

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