El Festival de Música y Cultura Pirenaicas: un paisaje unido por el ritmo.

Las fronteras son construcciones humanas que, con mayor o menor recorrido histórico, se asientan sobre paisajes y entre comunidades ajenas a los artificios.  Sociedades y culturas se construyen por una relación particular de los seres humanos con su entorno. Y se transmiten, principalmente, por razones de vecindad. De esta forma, la realidad de los territorios supera siempre a los regímenes políticos o administrativos. El Festival de Música y Cultura Pirenaicas lleva más de 20 años ilustrando esta realidad.

El cartel genérico que identifica al Festival de Música y Cultura Pirenaicas.

Todos los meses de julio, el Festival de Música y Cultura Pirenaicas refleja la peculiaridad de los ritmos tradicionales que perviven en la cordillera, a ambos lados de la frontera entre España y Francia. El principal objetivo es demostrar que existe una continuidad cultural entre ambos países y sus diferentes territorios. Que las fronteras de los hombres no han cambiado una idiosincrasia mucho más común y compartida de lo que se había llegado a imaginar. Cada celebración refuerza la idea de que lo pirenaico es un fenómeno que va mucho más allá de un mero localismo.

Ansó es uno de los pueblos que acoge el Festival. Fuente:www.jaca.com

 

La cita es fruto de la colaboración entre la Comarca de la Jacetania, la Diputación Provincial de Huesca y los pueblos pertenecientes a la antigua Mancomunidad de las Valles. Ansó, Hecho, Aragües del Puerto y Jasa acogen el acontecimiento alternativamente, a comienzos del mes de julio.

Desde su primera edición, en el año 1997, la seña de identidad del Festival conocido como PIR siempre ha sido buscar la variedad de las músicas del Pirineo. Decenas de artistas y grupos han pretendido, tal como dice la propia organización, “contagiar a los numerosos visitantes de su particular interpretación y sentir de las variantes culturales pirenaicas, desde la Cerdaña hasta el País Vasco”.

¿Qué se puede oír en el Festival? Pues, por ejemplo, grupos como el de los franceses Xarnege, que definen lo que hacen como “música de frontera”. Su propio nombre es una palabra gascona que denomina a los pueblos fronterizos entre Gascuña y el País Vasco. El repertorio responde a ese cruce de caminos, con elementos comunes a ambos territorios. Utilizan albokas o cornamusas, zanfonas, chistus o chicotén: instrumentos de raíz para adaptaciones de clásicos musicales con un destello de modernidad.

El grupo Xarnege en su actuación en el PIR. Fuente: http://www.huescalamagia.es

 

Los puedes escuchar en este enlace: https://www.youtube.com/watch?v=JbQVfa8NkHY

 

Un músico habitual en la cita pirenaica es Kepa Junquera. El vasco ya ha estado en el Festival tres veces, la última en la edición de 2016. Es un maestro de la trikitixa, un pequeño acordeón diatónico de botones que, aunque de origen italiano, se ha convertido en signo de identidad de la música tradicional vasca. Junquera ha creado un camino propio desde el respeto a esa música de raíz, mezclada con aromas y ritmos de otras culturas.

Kepa Junkera en el escenario. Fuente: http://www.diariofolk.com

 

Los puedes escuchar en este enlace: https://www.youtube.com/watch?v=P63c-d5ht7M

 

Otro grupo muy característico de la programación propia del PIR sería Les violines, presentes en la edición de 2017. Su repertorio se basa en los temas de los antiguos violinistas del Pirineo catalán. Como hacían aquellos, pretenden revivir la alegría de las fiestas mayores en los pueblos de esa zona con conciertos bailables de espíritu festivo.

Foto promocional de Les Violines

 

Los puedes escuchar en este enlace: https://www.youtube.com/watch?v=3AGZW_F1_Ic

 

Junto a estos grupos es habitual la presencia de los de carácter folclórico, que trabajan  por el mantenimiento de las danzas y cantos más típicos del lugar donde proceden. Es el caso de L’Esbart de Cataluña, el grupo de danzas Jo ala Jo de Navarra o la asociación Hebentik de Zuberoa. En esta línea, no suele faltar la jota aragonesa con las actuaciones de distintos grupos de la zona.

Y es que, no podía ser de otra manera, en el PIR siempre hay una importante presencia de lo aragonés.  Uno de los grupos que más veces ha participado es Biella Nuei, entre los mayores exponentes de la música tradicional de nuestro territorio. Por supuesto han estado otros grupos arraigados en el Pirineo, como los veteranos La Ronda de Boltaña y La Orquestina del Fabirol. Y también ejemplos de la tradición folclórica más pura, ejemplificada en los danzantes de Yebra de Basa, o la animación callejera y el teatro de grupos como los Titiriteros de Binéfar. Además, es tan habitual como ineludible la presencia del grupo folclórico Val d’Echo en la programación de unas cuantas ediciones. No en vano son los recuperadores y mantenedores de buena parte de las melodías y bailes tradicionales de la tierra en la que se celebra el festival.

El grupo Val d’Echo es una de las referencia de este Festival.

 

Si los estilos de la música que caracterizan al PIR les gustan, imagínense escuchándolos y bailándolos en el incomparable marco de las calles y plazas de los pueblos de la antigua Mancomunidad de los Valles. En un completo fin de semana, además de disfrutar de las actuaciones que se suceden desde la mañana hasta la madrugada, el visitante se puede sumergir también en la cultura pirenaica contemplando la arquitectura, interesándose por las costumbres o conviviendo con los lugareños.

Pero el PIR es más que actuaciones musicales, danzas o pasacalles. También hay espacio para presentaciones de libros, proyección de películas y documentales o la celebración de conferencias y exposiciones sobre el territorio, sus potencialidades y sus problemáticas. También se suele celebrar un mercado de artesanía tradicional en los alrededores de los escenarios. Por cierto, todo es gratuito y de libre acceso.

Un cartel del PIR con la imagen del premio “Truco”.

 

Coincidiendo con la celebración del PIR, desde 2002 la Comarca de la Jacetania entrega el Premio “Truco” a una persona, grupo o asociación en homenaje a la labor realizada en favor de la cultura pirenaica.  Se trata de una esquila de ganado (un truco del 9) proveniente del taller artesanal de Nay, en el Bearn francés. Allí se fabrican desde hace ocho generaciones las esquilas que han vestido a los rebaños de todo el pirineo central desde hace siglos. Algunos de los agraciados con este reconocimiento han sido el Museo Ángel Orensanz y Artes del Serrablo, el ecólogo Pedro Montserrat del Instituto Pirenaico de Ecología,  Juan Antonio Urbeltz o el músico francés Jean Mixel Bedaxagar.

El Festival de Música y Cultura Pirenaicas, PIR, se ha convertido por méritos propios en una de las citas musicales fundamentales del verano aragonés. Su existencia supone la reivindicación de una cultura común, muy unida al paisaje y por encima de las fronteras.

Más información en www.jacetania.es

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