Las Santas Masas o los Innumerables mártires de Zaragoza

La noche de los Fieles Difuntos esta muy asociada leyendas que hablan de la aparición de fantasmagóricos desfiles nocturnos formados por almas que vagan errantes. Existen muchos ejemplos. En Zaragoza, también. Una antigua tradición asegura que, la madrugada de algunos días especialmente trágicos, las Santas Masas se aparecen, siguiendo un cortejo de similares características, en el entorno de la Iglesia de Santa Engracia. ¿Qué son las Santas Masas? ¿Por qué se aparecen junto a esta tradicional y céntrica iglesia? Vamos a conocer esta arraigada devoción.

Procesión de almas

El jesuita Ramón Cue se hace eco de esta tradición en su libro titulado Zaragoza. Capital del martirio (1979). Incluso aporta dos testimonios concretos de soldados que aseguran haberse encontrado con el sobrecogedor desfile de las Santas Masas estando de servicio a altas horas de la madrugada. El primero tuvo lugar la noche del 19 de diciembre de 1591, víspera del ajusticiamiento del Justicia de Aragón, cuando la ciudad estaba ocupada por las tropas del rey Felipe II, y el testigo fue el mismísimo Alonso de Vargas. El segundo aconteció la víspera de la Batalla de Zaragoza el 19 de agosto de 1710, en la que murieron más de cinco mil personas, y el testigo fue un soldado apostado en un cuartel junto al Monasterio de Santa Engracia. En este caso, asegura que las Santas Masas se aparecieron vestidas con hábitos blancos y portando velas encendidas. Curioso ¿verdad?

Antiguo Monasterio de Santa Engracia

¿Por qué las Santas Masas? Con este término, o también el de Innumerables mártires, se alude tradicionalmente al conjunto de mártires cristianos que fueron ajusticiados durante las persecuciones religiosas llevadas a cabo por el imperio romano en la ciudad de Caesaraugusta (Zaragoza). Entre ellos, incluimos a dos de gran devoción: Santa Engracia y San Lamberto.

Según cuenta la tradición, la cripta que se conserva bajo la actual iglesia de Santa Engracia es el último vestigio conservado de las antiguas catacumbas de Zaragoza. Las cuales servían de enterramiento y lugar de reunión a las primeras comunidades de cristianos de la ciudad. Según se dice, eran un enorme conjunto de pasadizos, túneles y galerías que se extendían por buena parte del subsuelo. También se cree que comunicaban de forma secreta la cripta de Santa Engracia y la actual Santa Capilla del Pilar; que serían los dos centros de reunión más importantes de los primeros cristianos. Incluso se afirma que su entrada y salida fueron localizadas en el siglo XVII cuando se llevaron a cabo las obras del antiguo Convento de las Capuchinas y del actual Templo del Pilar.

Catacumbas de San Calisto en Roma

A comienzos del siglo IV el emperador Diocleciano, que tras un golpe de estado había unificado territorial, política y administrativamente el Imperio, quiso acabar con lo que consideraba una dualidad moral y llevó a cabo una serie de cruentas persecuciones contra los miembros de la nueva religión.

Dice la leyenda que el prefecto encargado de realizar las persecuciones en la antigua Hispania fue un oscuro y sanguinario personaje llamado Daciano. Después de su paso por Barcelona y Gerona, Daciano llegó a Zaragoza donde comenzó por detener y castigar a San Valero y San Vicente; cabezas visibles de la comunidad caesaraugustana.

Juicio de San Valero y San Vicente ante Daciano en el retablo de la Seo de Zaragoza

En este ambiente de violencia se sitúa el poema del escritor romano Aurelio Prudencio que narra la historia de Santa Engracia. Algunos de sus versos se recogen en la escalera de entrada a la cripta bajo la actual iglesia. Concretamente, el Himno IV de su obra Peristephanon. Engracia era una joven princesa cristiana de origen luso prometida con un  general que, de camino a las Galias, paró en Caesaraugusta con una corte de 18 caballeros.

Bajada a la Cripta de Santa Engracia

Alertada por los acontecimientos violentos e injustos que estaban teniendo lugar en Caesaraugusta fue a entrevistarse con Daciano para sancionar sus acciones. Inmediatamente, todos fueron detenidos. Como Engracia persistía en su opinión, fue azotada, arrastrada a caballo por toda la ciudad y finalmente martirizada con un clavo en la cabeza. El resto también fueron ajusticiados: Evodio, Casiano, Lupercio, Apodemio… Si queréis saber sus nombre acercaros a la iglesia, pues están escritos en unas grandes baldosas que decoran el suelo de la nave central. Además, así también podréis ser testigos de su martirio pues fue representado en el altar mayor por el gran escultor Eusebio Arnau y también en el lienzo de la bóveda pintado por Joaquín Pallarés en 1897.

Martirio de Santa Engracia en el retablo de Eusebio Arnau. Fuente: jesuscaminodelcalvario.es

La tradición de las Santas Masas se solapa con lo narrado por Prudencio en su poema. Afirma que además de la matanza de Engracia y sus caballeros, Daciano tramó un terrible plan para acabar con todos los cristianos de la ciudad: A través de un edicto, prometió perdonarles la vida si abandonaban Caesaraugusta a la mañana siguiente por la puerta sur. Convencidos de la honestidad de la propuesta, los cristianos salieron confiados, pero todo era mentira y junto a la puerta había apostadas varias guarniciones de soldados que procedieron a degollar a todos.

Frente a la antigua puerta sur de Caesaraugusta hoy encontramos el Monumento Mártires de Zaragoza de Agustín Querol. Fuente: http://www.zaragoza.es

Para evitar que sus restos fuesen guardados como reliquia y acabar definitivamente con su recuerdo, Daciano, que tenía muy mala idea, ordenó también ajusticiar a todos los asesinos y malhechores que había en las cárceles de la ciudad para quemar sus cuerpos revueltos con los de  los cristianos. Pero según afirma la tradición, ocurrió un increíble milagro: Los cristianos que sobrevivieron fueron testigos de cómo aparecieron unas luminarias que reunieron y apretaron todos los restos calcinados de los auténticos mártires. Rápidamente, recogieron los restos y los pusieron a resguardo depositándolos en las catacumbas, es decir, en la actual cripta de Santa Engracia. Surgió entonces el culto a los Innumerables Mártires o Santas Masas. Nadie sabe a cuántos cristianos pertenecen las cenizas que fueron salvadas.

Pozo de las Santas Masas: Fuente: blog.zaragozaturismo.es

Ya en el siglo VII, la cripta formaba parte de un gran monasterio que conservó como un preciado tesoro esta tradición. Muchos años después, en 1389, fueron descubiertos sus sepulcros. Según se cree, en uno de los sepulcros aparecieron las cenizas de los caballeros y los huesos de Santa Engracia, cuyo cadáver no fue incinerado sino abandonado en una mazmorra. Y en el otro sepulcro aparecieron las cenizas de los Innumerables Mártires y los huesos de San Lamberto, otro mártir aragonés con una curiosa leyenda.

San Lamberto en la puerta de la Iglesia de Santa Engracia

Los sarcófagos descubiertos y que según la tradición contenían las reliquias son piezas arqueológicas de gran belleza y se les conoce con el nombre de Recepcio Animae y Trilogía Petrina. Por la técnica y el material utilizado, mármol, parece que fueron labrados en Roma. Eso sí, en fechas muy anteriores a los acontecimientos del martirio. No fueron por lo tanto concebidos para contener los restos de las Santas Masas pero cabe la posibilidad de que quizá fuesen reutilizados con posterioridad.

Sarcófago Receptio Animae. Fuente: http://www.basilicasantaengracia.es

La devoción a las Santas Masas y a sus reliquias tomo entonces un enorme auge. La ciudad levantó un humilladero en el mismo lugar en el que se habían realizado las matanzas. Fue la llamada Cruz del Coso que se situó frente a la puerta sur o Puerta Cinegia, donde ciertamente eran ajusticiados los reos en época romana. Muchos años después, también se denominó “Mártires” a la calle del “Tubo” que lleva a este lugar. Hoy su memoria se honra conjuntamente a los caídos en los Sitios de Zaragoza en el Monumento a los Mártires de la Religión y de la Patria.

Antigua Cruz del Coso. Fuente: http://www.dehuesca.es

En la actualidad, los dos sarcófagos, las cenizas, el clavo del martirio y las reliquias de Santa Engracia y San Lamberto se custodian celosamente en la cripta de la iglesia. El cráneo de la Santa, por supuesto, con el agujero que le abrió la herida del clavo. También encontramos la columna en la que fue azotada. Y lo más curioso de todo: la sangre coagulada que brotó de la mandíbula de San Lamberto en 1522 ante la presencia del papa Alejandro VI. Increíble ¿no?

Reliquias de Santa Engracia y San Lamberto

Hoy la cripta de Santa Engracia, donde se conserva el recuerdo de la Santa así como el de las Santas Masas, es visitada cada año por numerosos fieles venidos de todo el mundo. Lo que hace que esta iglesia sea reconocida como Basílica Menor. Un espacio muy especial cargado de historia, tradición y devoción que bien merece una visita.

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Categorías: Historia y Arte, Leyendas de Aragón | Deja un comentario

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