El castillo de Sora en Castejón de Valdejasa

El castillo de Sora, enclavado en el extremo occidental de los montes de Castejón, domina todo el territorio de las Bajas Cinco Villas. Aún hoy, su peculiar silueta sorprende al viajero mientras circula hacia Ejea de los Caballeros por la carretera de Castejón.

Castillo de Sora. Fuente: http://www.sipca.es

Precisamente, el trazado de esta carretera se asienta sobre el de otra vía mucho más antigua: la que unía Caesaraugusta con Pompaelo en tiempos del emperador Augusto. Éste importante camino, de hecho, es el que da sentido a nuestra fortaleza, pues siguió en uso hasta mucho después de la caída de Roma. Es el camino por el que discurrieron las interminables legiones romanas; las tropas bereberes de Tariq durante la conquista musulmana de la Hispania visigoda; y el magnífico ejército de Carlomagno que iba a ser derrotado en Roncesvalles.

Conjunto fortificado al fondo; en primer plano, el albacar.

Si decidimos visitar los vestigios de Sora, lo primero que nos llamará la atención es su emplazamiento, a simple vista imposible, sobre un inexpugnable cerro de escarpadas laderas de yeso.

Aquél fue uno de los lugares que decidieron fortificar los musulmanes frente a los reinos cristianos del norte, que durante trescientos años –desde el siglo IX hasta finales del siglo XI-, se mantuvieron replegados tras las sierras pre pirenaicas. Durante este tiempo, las Cinco Villas formaron parte de la llamada Marca Superior de Al-Ándalus, uno de los dos distritos fronterizos más importantes de todo el Islam, y en el que Sora desempeñó un papel privilegiado por su situación estratégica y su poderío militar.

En la temprana fecha del siglo IX, además, fue uno de los pilares de la célebre familia de los Banu Qasi, que lograron controlar toda la zona con total independencia de los reyes cristianos y los califas andalusíes. Así, no nos extrañe que Musa ibn Musa, el más importante de ese linaje muladí, se hiciese llamar “el tercer rey de España” gracias, en parte, al control de la fortaleza de Sora, que centraliza y articula todo el espacio desde Tudela al Gallego, que fue el ámbito de influencia de los Banu Qasi.

Torres musulmanas. Fuente: https://ca.wikiloc.com

El castillo de Sora todavía guarda la esencia de un típico hisn o atalaya musulmana. Enriscado como un nido de águila, en un sitio elevado y de difícil acceso, presenta una planta irregular que se adapta a la superficie del cerro. Se levantó a base de mampostería y encofrados de yeso, como es común en este tipo de fortificaciones, y se dotó de un aljibe de gran tamaño, construido de tapial hormigonado y forrado de almagre rojo para impermeabilizarlo.

Y por supuesto, al igual que ocurre con la espectacular fortaleza de Rueda de Jalón, el hisn de Sora contaba con albacar, un espacio que servía para dar protección, en caso de guerra, a la población de los alrededores. Podemos reconocer el albacar en la larga y estrecha franja de terreno que presenta el extremo occidental del cerro, y que nunca precisó de muralla.

Pero el elemento más destacable de nuestro castillo es la ostentosa y elegante torre del Homenaje, que parece la popa de un viejo galeón encallado en el mar que un día fue Aragón. De obra de sillería y planta cuadrada, esta torre nos lleva a época cristiana. Efectivamente, después de que Sancho Ramírez pasease sus huestes a los pies de la fortaleza sin lograr conquistarla, fue el gran rey aragonés Alfonso I quien, en 1105, consiguió lo que durante siglos había sido imposible. Aquella conquista, junto con la de Ejea, fueron las primeras victorias del Batallador.

Alfonso I el Batallador.

Cuenta una leyenda que, durante aquellos años de guerra, los musulmanes hicieron uso de los túneles que comunicaban Ejea y su iglesia de Santa María con el castillo de Sora…

Después de que Alfonso conquistase Zaragoza en 1118, Sora perdió su importancia militar como enclave fronterizo, pero sus sillares no se resignaron al olvido, y aún tendrían que presenciar llamativos sucesos de la Historia de Aragón. Como importante posesión de la familia Luna, Sora fue la peculiar estancia de Violante de Luna. Siendo nombrada abadesa de Trasobares por el papa Benedicto XIII, Violante se fugó del monasterio con su amante Antón de Luna. En 1412, al resolverse el Compromiso de Caspe, ambos fueron quienes encabezaron la oposición al nuevo rey electo, desencadenando una auténtica guerra civil. Finalmente, y tras un largo sitio en el Castillo de Loarre, la valiente abadesa fue apresada y recluida en la fortaleza enriscada de Sora…

Después de su estancia hubo aún más remodelaciones, como así atestigua el porte renacentista que presenta gran parte de la torre del Homenaje, erigida en el siglo XII pero reconstruida en el XVI. De sus tres pisos, hoy puede accederse al inferior, que está excavado en la roca y cubierto por una bóveda de cañón. Pero la puerta original de entrada a la misma se encuentra en altura, en el segundo piso, siendo el tercero el que sostiene la espectacular techumbre abovedada de la torre, conservada hasta el día de hoy. Tanto la puerta como los ventanales pertenecen a la intervención del siglo XVI, mostrando sobrias decoraciones de aire clásico… como también es renacentista la cornisa de bocel que remata el cubo de la torre.

Torre del homenaje. En primer plano, torre albarrana de origen musulmán. Fuente: http://www.comarcaacomarca.com

Junto a la torre del Homenaje o de la Celoquia, que se asienta sobre un erosionado espolón rocoso en lo más alto del cerro, quedan otros restos: una estancia de uso desconocido –quizá la iglesia de San Miguel, de la que hablan los documentos y a la que se iba en romería durante época moderna-, el aljibe, parte de otra torre con base abovedada, y algunos lienzos de muralla. En un nivel inferior del terreno, al Este, es donde se emplazan las dos torres musulmanas de encofrado, que flanquearían la puerta en recodo de acceso al castillo. Separada por un barranco, otra torre albarrana sirve de apoyo al conjunto. Finalmente, en la parte norte se conserva un muro de sillería, y en el cual se abre una gran puerta dovelada en arco de medio punto. En este muro, al visitante observador le sorprenderá una serie de troneras para piezas de artillería. No es de extrañar: como tantos castillos, el de Sora no pasó a la historia con los siglos feudales, sino que siguió activo durante la Guerra de Sucesión, antes de convertirse en famosa morada de contrabandistas…

Puerta de medio punto. Fuente: http://www.patrimonioculturaldearagon.es

En palabras de Marisancho Menjón, la fortaleza, ilesa “sobre una impresionante pared vertical que se yergue entre campos de cereal”, nos invita a disfrutar de un enclave con gran atractivo paisajístico, arqueológico e histórico… Y también artístico, pues como acertadamente observó el célebre castellólogo Cristobal Guitart, la de Sora “fue la última torre del Homenaje que se levantó en un castillo aragonés”.

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Categorías: Historia y Arte, Joyas del Patrimonio | Deja un comentario

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