El Domingo Rosario en la Hoya de Huesca

Las festividades religiosas responden, en ocasiones, a conmemoraciones mundanas.  Es el caso de la fiesta de Nuestra Señora del Rosario, que se celebra el primer domingo de octubre desde que el papa Pío V la instituyó en 1571 para festejar el triunfo de las potencias cristianas sobre los turcos en la Batalla de Lepanto. El hecho adquirió tal relevancia que definió la forma tradicional del rosario y provocó la creación de cofradías piadosas bajo esta advocación por todo el mundo.

Nuestra Señora del Rosario de Miguel Jiménez. Fuente: Museo de Huesca.

La Virgen siempre ha recibido culto bajo distintas advocaciones. Pero, desde el episodio de la batalla del Lepanto, la veneración a la Virgen del Rosario creció con fuerza en todo el mundo. También en numerosas poblaciones aragonesas, sobre todo rurales. Se dice que una de las primeras localidades en tener su Cofradía del Rosario fue Alerre, en la Hoya de Huesca.

Y fue quizá a partir de aquella, o quien sabe si al mismo tiempo, cuando las poblaciones de alrededor se sumaron a la misma celebración. De esta forma,  el llamado “Domingo Rosario” se ha celebrado con intensidad en la Comarca de la Hoya de Huesca. Casi una veintena de municipios o núcleos de población viven o han vivido de una forma u otra la fiesta, dejando curiosas tradiciones como la del “releo”.

La Hoya de Huesca se extiende junto a la capital, bajo formaciones rocosas muy llamativas. Fuente: Imaginatura.

El rosario y Lepanto

Durante el siglo XVI, la cristiandad se veía amenazada por el cada vez mayor poder de los turcos en el mar Mediterráneo. Los otomanos preparaban la invasión de la Europa cristiana mientras los monarcas occidentales estaban divididos y luchando entre sí. Por eso el papa Pío V convocó, en septiembre de 1569, a todos los poderes cristianos para rezar el Rosario y hablar del problema inminente.

Los rezos comunes dieron sus frutos y, en 1571, se ratificó una alianza que puso en manos de Felipe II el futuro de la cristiandad. Una flota cristiana dirigida por el héroe español Juan de Austria fue en busca de los barcos turcos. En la bandera de la nave capitana ondeaban la Santa Cruz y el Santo Rosario. El papa pidió a todos sus fieles que rezaran el rosario para ayudar a una victoria que, finalmente y de forma sorpresiva, se produjo.

Pintura que retrata la Batalla de Lepanto.

En conmemoración, Pío V instituyó a fiesta de la Virgen de las Victorias para el primer domingo de octubre.  A las letanías a la Virgen añadió “auxilio de los cristianos”. Dos años después su sucesor, el papa Gregorio XII, cambió el nombre de la fiesta por el de Nuestra Señora del Rosario, patrona de las batallas. El papa Benedicto XIII la introdujo en el breviario romano.

La Cofradía del Rosario

Con la nueva advocación, pronto extendida por numerosas poblaciones, sobre todo rurales, nacieron las Cofradías del Rosario. A ellas pertenecían hombres y mujeres pagando una pequeña cantidad anual que les daba la opción de tener una misa dedicada por su alma después de su fallecimiento. El carácter piadoso se mezclaba con aspectos gremiales y económicos. Así, la primera cofradía del Rosario que se fundó en la provincia de Huesca, la de Alerre, contaba con caja de ahorros propia, atajo de ganado y depósito de simiente.

Alerre tuvo la primera Cofradía del Rosario de la zona.

Las cofradías de la Virgen del Rosario vienen a cumplir no solo con lo divino sino también con lo humano por medio de la ayuda al necesitado, las subastas de carne o las comidas de hermandad. Se practica la solidaridad con el enfermo y la ayuda a los socios con problemas económicos mediante la caja de la cofradía, que ofrece, por ejemplo, créditos para la siembra. Se trataría de la primera Caja Rural de Ahorros, que comenzó a prestar sus servicios en los conocidos como los “Siete Lugares”. Comprenden las poblaciones de Alerre, Chimillas, Banastas, Yéqueda, Cuarte, Banariés y Huerrios, y son una comunidad histórica que hinca sus raíces en la promesa de un “voto” o promesa que les lleva en romería hasta el cercano templo de San Lorenzo.

Algunas de esas cofradías aún perviven con buena parte de sus atribuciones, otras languidecen y otras han desaparecido. De ellas dependían las celebraciones del “Domingo Rosario” con sus peculiaridades.

Celebrando el “Domingo Rosario”

Hoy en día, la mayoría de las celebraciones del Domingo Rosario en las poblaciones de la Hoya de Huesca dependen de comisiones de fiestas creadas para tal fin o directamente del Ayuntamiento. En algunos casos queda poco de los actos tradicionales. Como elemento común, allá donde se celebra, siempre hay una misa. En ciertos lugares el oficio religioso está acompañado de procesión o incluso se cantaba la aurora. Y también es muy común la comida o la cena de hermandad, uno de los actos básicos de cualquier fiesta comunitaria.

Cartel que anuncia los actos de las fiestas del Rosario en Angües.

Pero la actividad más propia de las fiestas del Domingo Rosario en la Hoya de Huesca es una gran subasta de carne de cordero en la plaza del pueblo, generalmente frente a la Iglesia. Mediante una ceremonia que llevan a cabo los mayordomos de la cofradía, consiguen beneficios con los que se pagarán las fiestas. Antes, además, servía para los gastos del culto, el entierro de los hermanos cofrades o la ayuda a los pobres.

A esa acción de subastar piezas de carne se la conoce como “releo”. El ritual marca que quien dirige la subasta y otorga la pieza es el “releador”. El “releo al dinerote” es la subasta con dinero de curso legal y el “releo a l’almute” la puja en almudes, que son medidas de trigo o de cebada. Además, se conoce como “pizca” la pieza de carne que se subasta. En algún caso también se subastaban las pieles o la tela de sebo.

El releo en Tierz. Fuente: Diario del Alto Aragón.

En la actualidad celebran el “releo” localidades y núcleos de población como Alerre, Arascués, Chimillas, Esquedas, o Tierz, donde los corderos se asan enteros y se parten en 8 piezas para subastarlas adobadas. Eso sí, sabemos porque ha quedado en la memoria o escrito que también celebraban el tradicional releo Torres de Montes, Salillas, Plasencia del Monte, Montmesa, Loarre, Liesa, Lierta, Ibieca, Blecua, Barluenga, Banastás, Arguis, Arfavieso y Angües. Lástima que con el tiempo todas estas celebraciones se hayan perdido.

“Pizcas” o piezas que se subastan en el releo de Esquedas.

Afortunadamente hay quienes siguen luchando como pueden, en núcleos de población con cada vez más envejecidos, por mantener su releo, una tradición que define a una tierra y a una fiesta muy especial.

Fuente: escrito de Bizen D’O Río Martínez en Diario del Alto Aragón

Categorías: Fiestas y sabores | Deja un comentario

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