Brujas célebres de Aragón

Aragón es tierra de leyenda, y su milenaria historia está salpicada de mitos, héroes, y brujas. Quizá sea consecuencia de sus artes el que éstas últimas, las brujas, hayan pasado más desapercibidas, pero un sin fin de topónimos, tradiciones, historias y hasta documentos dibujan las huellas de las brujas de Aragón. Vayamos hoy tras ellas…

“Chimenea espantabruxas”, muy común en el Alto Pirineo aragonés

¿Quién no ha oído acerca de las brujas de Trasmoz y el Moncayo?, ¿Y del Castillo de las Brujas, en Boltaña?, ¿qué suceso pudo originar los relatos que hablan de los aquelarres celebrados en el Turbón?, ¿Qué inspiró a Goya sus pinturas negras, a Bécquer sus “Cartas desde mi celda”, o a Julia Dorado sus cuadros abstractos?, ¿son casuales los nombres de “Balcón de las Brujas”, en Tamarite; “Cabezo de las Brujas”, en Ainsa; o “Peña de las Brujas”, en Plan? Dicen que, cuando el río suena, agua lleva… Y desde luego, detrás de todo ello hay una cosa cierta, y es que a lo largo de los siglos, las gentes de Aragón creyeron en la presencia de brujas… Brujas que influían en sus vidas y que, además, eran capaces de desencadenar terribles desgracias sobre la población… Así, en 1023, pocos años antes del nacimiento del reino Aragonés, ya se tiene noticia de brujas en el Pirineo, y si sumásemos hoy el total de causas abiertas por la Inquisición para juzgar a brujas en Aragón, éstas superarían el medio millar… Aragón, pues, también es tierra de brujería.

“El aquelarre”, una de las Pinturas Negras de Goya

En este sentido, es conocida la leyenda de las doce brujas desnudas de Olsón, un pequeño pueblo del Sobrarbe en el que, según cuentan, un hombre fue testigo de una extraña reunión de brujas. Se encontraba él durmiendo, en plena noche, cuando despertó y reconoció, al fulgor de la luna, la silueta de doce brujas desnudas que se untaban el cuerpo con un ungüento mágico mientras reían y anunciaban sus inmediatas fechorías. Oyó que pronunciaban un conjuro: “Por las montañas de Ricallosa a Tolosa, vuelan las brujas en grandes escobas, ir y volver en tres cuartos de hora”.

Representación de las brujas desnudas de Olson

Cuenta la leyenda que, nada más irse las mujeres volando por la ventana, el hombre se levantó, se untó el mismo ungüento por el cuerpo, y realizó el conjuro pidiendo un cuarto de hora en vez de tres. De esta manera, el hombre pudo llegar antes que nadie al lugar donde pretendían desencadenar su magia maléfica, y salvar del peligro a un recién nacido, que era el objetivo de las brujas… De regreso a su casa, puso una estampa religiosa encima de la ropa de las brujas, y así, cuando éstas llegaron no pudieron volver a vestirse, quedando condenadas a vivir desnudas, de tal manera que al despertar el día, corrían las doce a ocultarse hasta la noche.

Brujas yendo al sabbath, óleo de Luis Ricardo Falero

Pero no solo el Sobrarbe es lugar de brujas; también en Caspe, localidad de Zaragoza, existe una larga tradición que identifica las ruinas del castillo sanjuanista con el lugar de misteriosas reuniones de brujas o aquelarres, y que inspiraron una de las obras del escritor Ramón J. Sender, si bien según el aragonés estas brujas harían más bien que mal, “ahuyentando con bizmas benditas a los demonios”…

En Laspaúles, pueblo de la provincia de Huesca, se acusó de brujería a 24 mujeres. Y es que no todo son leyendas, y la mayoría de ellas se inspiran en hechos reales, siendo muchas las mujeres que a lo largo de la historia han sido tachadas y juzgadas por brujas, llegando a sufrir la exclusión social e incluso y la muerte.

Parque temático de Las Brujas de Laspaúles, en Huesca

En el caso de Laspaúles el hecho tuvo lugar en 1593, ya entrada la Edad Moderna. Y según los más de mil manuscritos que el párroco Domingo Subías descubrió en el campanario de la iglesia, donde habían permanecido escondidos durante siglos en la iglesia, se acusó a las mujeres de haber envenenado a vecinos, de raptar y asesinar a niños con fines rituales, de fabricar ungüentos prohibidos, y de desenterrar cadáveres. Todas ellas fueron interrogadas y torturadas brutalmente para ser finalmente ahorcadas de forma pública en el Rodero de San Roc, un monte que queda a la vista del pueblo. Hoy existe allí un Parque temático de las Brujas de Laspaules que recuerda tan trágico suceso.

Máquinas de tortura en el parque temático de Las Brujas de Laspaúles

Otros hechos verídicos son los que hacen referencia a las brujas del Valle de Tena, donde la brujería alcanzó tintes de epidemia, siendo varias decenas los casos de mujeres endemoniadas por obra de un tal Pedro de Arruebo… Pero hagamos referencia a brujas aragonesas de carne y hueso, con nombre y apellido.

Agueda Cisneros es una de ellas. Natural de Tarazona, Agueda era una mujer casada y humilde de mediados del XVII, pero que no era bien vista en la parroquia de San Miguel. Por ello, fue acusada de brujería cuando ella ya contaba los cincuenta años, y a pesar de declararse buena cristiana, los testigos que tomaron parte en el proceso llegaron a ser treinta, lo cual es sintomático de la fama de Agueda en su barrio de Bagales. Le acusan de bruja y hechicera; de hacer conjuros y maleficios; e incluso se dijo que ligaba y desligaba personas. En este sentido, se señaló el caso de un pariente suyo que no pudo consumar el matrimonio con su esposa en dos años que cohabitó con ella, llegando al extremo de divorciarse. Y tal fenómeno se repitió con otros dos mozos casados con mujeres jóvenes, responsabilizándose siempre de tales rarezas sociales a Agueda Cisneros. Aseguraron, para más inri, que predecía tormentas y pedriscos, y que curaba heridas y enfermedades, para lo que, al parecer, contaba con un estrambótico laboratorio prohibido.

Veleta con forma de bruja sobre un tejado oscense.

Sin embargo, y a pesar de la abundancia de cargos y testigos, y de la gravedad de los mismos, a Agueda fue su inteligencia lo que le salvo de acabar como las desdichadas brujas de Laspúles. Así, haciendo gala de una destreza sin igual a lo largo de todo el proceso, logró rebatir cada interpretación y limitar la sentencia a una simple advertencia. Se suspendió la causa sin castigo el 10 de enero de 1642, y Agueda Cisneros siguió tranquilamente su vida en Tarazona.

Otra bruja famosa de Aragón fue Ana Pérez Duesca, una mujer que vivió a mediados del siglo XVII en la villa de Luna, donde se extendió la noticia de que el demonio poseyó hasta treinta mujeres. Ana fue la principal acusada de responsable de la epidemia. No es casual el hecho de que fuese extranjera, viuda, y de clase humilde, circunstancias que siempre han favorecido el que una mujer fuese tachada de bruja… Juzgada por la Justicia Ordinaria y la inquisición, Ana Pérez Duesca se libró de la muerte pero no del castigo: fue condenada al destierro a ocho leguas de Zaragoza, y acusada de bruja, maga, hechicera, y de haber pactado con el demonio.

Pintura abstracta de la artista aragonesa Julia Dorado

Las brujas, en fin, no siempre han sido cosa de fantasía. Y tampoco aquí, en Aragón.

Categorías: Historia y Arte, Leyendas de Aragón | Deja un comentario

Navegador de artículos

Déjanos tu comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Blog de WordPress.com.

A %d blogueros les gusta esto: