Las Torres de Sibirana

En las altas Cinco Villas de Zaragoza, a tan solo unos kilómetros de las localidades de Uncastillo y Luesia, podemos encontrarnos con un rincón muy especial de nuestro territorio que evoca el escenario de una leyenda artúrica, o el decorado para una película épica. Son las llamadas Torres de Sibirana, declaradas como Bien de Interés Cultural por el Gobierno de Aragón, que se elevan desde hace mil años presenciando la Historia de la frontera entre Aragón y Navarra. ¿Te animas a viajar a conocerlas?

Torres de Sibirana. Fuente: FAETON Servicios Educativos

El origen de este hermoso enclave se remonta a la alta Edad Media, cuando Aragón todavía era un pequeño condado dependiente del Reino de Pamplona. Precisamente, fue uno de los reyes pamploneses, Sancho Garcés I, quien hizo erigir las dos torres… Uno se siente tentado de pensar que sirvieron como recóndita prisión para destacados enemigos; o quizá como lugar de retiro al propio monarca, pues el lugar donde se encuentran -en el fondo de un recóndito barranco de las altas Cinco Villas- no parece tener valor estratégico alguno. Nada más lejos de la realidad, dado que controlan el camino entre Uncastillo y el valle de Onsella, que a su vez comunica con Sos y Sanguesa.

Torres de Sibirana. Fuente: Wikiloc

Por tanto, las torres de Sibirana defienden la frontera del reino pamplonés, y son un castillo más del complejo sistema defensivo que levantaron los reyes frente a las incursiones musulmanas. De hecho, parece que ya había allí una atalaya de época califal antes de que llegasen los cristianos… Están comunicadas con los cercanos castillos de Royta y Sos, al norte, y de Luesia y Biel, al sur, dibujando todos ellos la línea de la frontera del Reino.

Torres de Sibirana. Fuente: http://www.romanicoaragones.com

Pero acerquémonos más a tan monumental fortaleza. Lo que vemos de ella hoy no es exactamente lo que contemplarían en época medieval, pues el paso del tiempo ha hecho desaparecer algunos de sus elementos más característicos. Ahora ya solo vemos piedra: una construcción románica de piedra sillar sobre una escarpada peña que también es de roca… Pero no debemos olvidar que este tipo de estructuras estaban construidas con gran cantidad de madera. La sillería constituye solo el esqueleto de las torres.

Así, ha desaparecido la escalera que hacía posible subir hasta ellas, y de la cual todavía quedan, impresas en la roca, las huellas de su apoyo; igualmente, se han perdido los suelos de las torres, y también los cadalsos o verdejas.

 Los cadalsos eran los que servían para la defensa de la torre, y constituían un balcón corrido que coronaba las torres, aunque en Sibirana no rodeaban todo su perímetro, sino que eran de esquina. Al contar con diversas trampillas y saeteras, permitían proyectar muchos soldados sobre el enemigo para intensificar la defensa del lugar. De estos elementos, no obstante, solo quedan los mechinales en los que se encajaban las vigas de madera, así como las puertas que comunicaban este espacio con el interior de la torre, y las cuales hoy se abren al vacío.

Vista aérea del lugar. Fuente: http://www.luesia.es

Por otra parte, merece ser destacado otro aspecto fundamental que es aplicable a casi todas las fortificaciones de la época: su asiento sobre riscos,  que en muchos casos les vale la denominación de “castillo roquedo”. Al igual que sucede con las muy próximas fortificaciones de Luesia, Uncastillo o Biel, la fuerza de estos castillos no solo la deparaban las almenas y aspilleras, sino los cerros sobre los que se cimentaban. En el caso de nuestras torres, se construyeron en lo alto de un promontorio que, además de dificultar el acceso al conjunto, sirvió de cantera para la extracción de la piedra… En consecuencia, claro, los cortes que presenta hoy son artificiales, o dicho de otra forma, fueron perfilados por la mano del hombre. Por eso se ajustan tan bien al cuerpo de las torres y hasta acentúan su verticalidad; cerro y castillo forman un mismo cuerpo, fundiéndose ambos de forma elegante y casi imposible… como si las torres naciesen de la misma roca.

Torre oriental. Fuente: http://www.romanicoaragones.com

Por lo demás, y como otras fortificaciones de época románica, la de Sibirana cuenta con accesos en altura y con letrinas. Las puertas, de arco de medio punto y enfrentadas la una a la otra para favorecer su defensa, se ubican en la primera de las tres plantas que tienen ambas torres, por encima de las despensas ubicadas al nivel del suelo.

Como lugar de frontera, Sibirana fue testigo del auge y caída de diferentes reinos. Tras el paso de musulmanes y pamploneses, finalmente serán los aragoneses quienes hereden el lugar, cuando Pamplona se incorpore al joven pero vigoroso Reino de Aragón. En este sentido, la primera mención documental de las torres data de 1063, fecha de la muerte de Ramiro, el primer rey de Aragón. Fue esa la época en la que empezó a crecer una población a los pies del castillo, de la cual aún quedan los vestigios de una docena de casas y, sobre todo, de la ermita de Santa Quiteria.

Portada de la ermita. Fuente: http://www.romanicoaragones.com

La ermita también es de época medieval, y constituye un bonito ejemplo de románico aragonés, si bien se está perdiendo en los últimos años… Con una sola nave y un ábside semicircular canónicamente orientado al Este, es una pequeña pero armoniosa construcción de sillería. Destaca su portada, que adornan dos capiteles y un tímpano semicircular con un crismón trinitario. Si hacemos caso de la inscripción existente en una de las columnas de la entrada, fue edificada en 1110, durante los tiempos de Alfonso I el batallador… Junto al castillo, el templo completa el clásico binomio de las aldeas medievales, donde el poder residía en las élites militar y religiosa, fundidas ambas en el fenómeno de la guerra santa.

Dibujo de las torres. Fuente: FAETON Servicios Educativos

Pero la vida de este hermoso poblado fronterizo trascendió los difíciles tiempos feudales, y si bien es cierto que sufrió las epidemias bajomedievales, aún había allí gente a finales del siglo XVIII. Entonces, y como tantas otras aldeas de Aragón,  se abandonó, pero en Sibirana, el arcaísmo del románico y el silencio de la piedra cincelada, así como las ruinas del poblado y los bosques del barranco, todavía mantienen su fuerza evocadora… Allí, pervive la Edad Media. Podemos visitarla siguiendo el sendero histórico de la GR-1, que recorre además otros lugares de interés en la zona, como son el Pozo Pígalo o el yacimiento del Corral del Calvo.

Categorías: Paisajes y comarcas | Deja un comentario

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