El Valle de La Garcipollera y la iglesia de Iguacel

En la comarca de la Jacetania, en el cauce del río Aragón, se abre un valle transversal marcado por el curso del río Ijuez que conocemos como La Garcipollera: Un precioso paraje natural, declarado Lugar de Interés Comunitario por la red europea Natura 2000, que es también uno enclaves históricos del antiguo Reino de Aragón. Por eso, en su cabecera, allí donde el río es conocido como Iguacel, esconde una maravillosa joya artística: la ermita de Santa María. Hoy nos trasladamos a conocer este entorno único que conjuga Naturaleza, Historia y Arte.

Iglesia de Santa María de Iguacel. Fuente: https://www.turismodearagon.com/

Lo primero que debemos saber es que su curioso topónimo, Garcipollera, no alude a sus características morfológicas ni a ningún pasado glorioso, sino a las virtudes productivas de su huerta. Proviene de la Edad Media, y etimológicamente debe descomponerse en dos elementos: bar (gar) y cepollaria. Que significa “valle cipullaria”, es decir, “valle cebollero”. Así aparece citado ya en un documento de inicios del siglo XIII.

Plano del Valle. Fuente: http://www.pirineos3000.com/

El valle se extiende en dirección sur desde las sierras interiores. El río nace en las laderas del Bacún, bajo el macizo de la Collarada, a más de 2000 m, pero a la altura del antiguo pueblo de Acín, en torno a los 1000 m, gira en dirección oeste hasta llegar a río Aragón. En total abarca unas cuatro mil quinientas hectáreas repartidas tradicionalmente en dos términos municipales: Acín y Bescós. El primero comprendía las poblaciones de Acín, Villanovilla y Larrosa, y el segundo las de Yosa y Bergosa en las laderas Oeste y Sur del monte de San Salvador.

Lamentablemente, todos estos pueblos fueron víctimas de la despoblación y hoy se encuentran abandonados. A excepción de Villanovilla que fue el único que se salvó de ser expropiado y en los últimos años ha sido recuperado y restaurado. En la actualidad cuenta con población y servicios, lo que le convierte en un punto de partida estupendo para iniciar la visita a La Garcipollera.

Villanovilla de Garcipollera. Fuente: https://es.wikipedia.org/

El acceso al valle se realiza desde Castiello de Jaca y se puede llegar por pista asfaltada hasta el antiguo pueblo de Bescós donde hoy se encuentra el Centro de Investigación y Tecnología Agroalimentaria de Aragón (CITA). En sus laboratorios y naves, que se mezclan con las antiguas casas y la iglesia, se desarrollan sistemas agroganaderos de montaña y técnicas de mejora de especies autóctonas. Un centro muy interesante que también podemos visitar, ya que realiza periódicamente jornadas de puertas abiertas.

Ganado vacuno en el CITA. Fuente: https://www.cita-aragon.es/

La pista continua por campos de pastos hasta Villanovilla, que se eleva sobre un balcón natural, y termina en el despoblado de Acín, en una chopera junto al río desde la que arranca la pista paralela al Ijuez que asciende a la cabecera del valle. En esta chopera abundan las ardillas y los pájaros carpinteros pero es mucho más fácil toparse con los jabalíes que bajan a buscar los restos de comida que dejan los excursionistas. A última hora del día, es muy común ver descender a familias enteras con sus pequeños jabatos. Lo que hace las delicias de los niños que son quienes más disfrutan observando a estos animales salvajes en libertad.

Jabali. Fuente: https://www.jaca.es/

Junto a la chopera todavía podemos adentrarnos en los escasos restos del antiguo pueblo de Acín y tomar contacto con un aspecto del valle mucho menos amable: la despoblación. La Garcipollera contaba en el siglo XIX con 735 habitantes pero en los años 60 todo el valle quedó despoblado.

A ello contribuyó de forma determinante la intervención del Patrimonio Forestal del Estado que compró todas las tierras y viviendas entre los años 1956 y 1965 para poder reforestar la zona. Todo el territorio pasó a depender de Jaca y, en compensación, la ciudad ubicó a muchos de los habitantes de este valle en viviendas unifamiliares en el Barrio de la Estación.

Iglesia de Acín de Garcipollera. Fuente: http://www.despobladosenhuesca.com/

A los lados del valle encontramos extensos y densos bosques de coníferas, especialmente de pino negro en las solanas y pinos silvestres en las zonas de sombra. La mayor parte de ellos se introdujeron en las reforestaciones tras la expropiación de los municipios. Entre los pinos también encontramos robustos ejemplares de robles testigos del bosque natural de esta zona que estaba formado por bosques densos de robledales y quejigales de porte arborescente. Y en los enclaves más umbríos y húmedos también podemos encontrar abetos.

Pinares de la Garcipollera. Fuente: https://turismoruralpirineos.es/

Mientras realizamos la subida a la iglesia podemos toparnos con algún zorro o algún tejón cruzando la pista, y si tenemos suerte, podemos ver ciervos. Son muy abundantes estos bosques porque que tras la reforestación se introdujeron varios ejemplares procedentes de Toledo para crear una Reserva Nacional de Caza. Especialmente bonitos son los ejemplares de machos que presentan unas imponentes cornamentas.

Ciervo en La Garcipollera. Fuente: https://www.turismojacetania.com/

A lo largo de la pista también encontraremos grandes azudes de cemento en el cauce del río. En verano suelen estar muy concurridos por los bañistas que se refrescan en las frías aguas que quedan retenidas allí. Su construcción responde a la necesidad de controlar el cauce del río y el arrastre de sedimentos tras la construcción del Embalse de Yesa. Esta fue la verdadera causa que determinó la expropiación. A lo largo del valle encontramos uno próximo a la desembocadura y otros dos en los barrancos más torrenciales; el de Vadiello y el de la Pardina.

Azud grande junto del río Ijuez. Fuente: https://www.wikiloc.com/

A tan solo 300 m de la chopera de Acín podemos tomar un camino que nos separa de la pista para llevarnos al despoblado de Larrosa; hoy perdido en mitad del bosque. Este pequeño pueblo en ruinas todavía conserva la mayoría de las casas en pie. También el horno y la antigua iglesia mozárabe dedicada a San Bartolomé.

Iglesia de Larrosa. Fuente: http://www.despobladosenhuesca.com/

Al recorrer sus calles y sus parcelas todavía podemos recrear la vida y la economía de un pueblo montañés como este. Una economía basada en el autoabastecimiento y en la que los escasos excedentes, generalmente los productos de la huerta, se llevaban a vender a Jaca en largas caminatas por senderos vecinales. En sus corrales podemos imaginar el sonido de las gallinas y por sus eras el tintineo de las esquilas de las ovejas que subían en verano a los puertos. Incluso podemos fantasear imaginando a los antiguos señores de la Garcipollera llegando a caballo recibir su vasallaje. Como hacía el controvertido Juan Abarca y Gurrea, tan honesto como cruel, que acabó ajusticiado por contrabandista y enterrado en San Juan de la Peña.

Finalmente, en la cabecera del valle encontraremos la iglesia de Nuestra Señora de Iguacel. Una elegante iglesia románica de una sola nave que en sus orígenes fue el centro de diferentes comunidades benedictinas. Su estructura es del siglo XI pero que fue modernizada pocos años después para adaptarla al gusto románico internacional que se había introducido en el recién creado Reino de Aragón. En sus orígenes mantuvo comunidades benedictinas.

Iglesia de Santa María de Iguacel. Fuente: http://www.patrimonioculturaldearagon.es/

Es un lugar muy sugerente. Un espacio sagrado perdido en mitad de la montaña. Seguramente, su ubicación estuvo relacionada con la manifestación de las fuerzas de la naturaleza de una forma especial allí. Algo que hoy desconocemos pero todavía afirman algunas creencias tradicionales.

Iglesia de Santa María de Iguacel. Fuente: http://www.patrimonioculturaldearagon.es/

El edificio, detenido en el tiempo, vuelve a la vida cada año, el segundo domingo de julio, cuando se traslada allí la talla románica original de la Virgen de Iguacel, que se encuentra en el Museo Diocesano de Jaca, y los antiguos habitantes del Valle se reúnen nuevamente para celebrar la romería en honor a su patrona.

Romería de Santa María de Iguacel. Fuente: https://jacetaniaexpress.com/ (FOTO: Javi del Pueyo)

En el exterior destacan su bonito pórtico jaqués; los canecillos del tejado donde se representan las típicas caras, fieras y palmas; y los capiteles de las columnas de sus ventanales donde encontramos también escenas muy variadas. Pero de todo el conjunto, lo que más llama la atención por su singularidad son las inscripciones en la parte alta de la fachada que nos informan y datan su construcción.

Inscripciones en la portada de Santa María de Iguacel. Fuente: http://www.romanicoaragones.com/

Si tenemos suerte y la ermita está abierta podremos descubrir en su interior unas extraordinarias pinturas murales que decoran el ábside. Son del siglo XV y corresponden al estilo denominado gótico internacional. En ellas se representan diferentes escenas de la vida de la Santa María y diferentes santos.

Pinturas románicas de Santa María de Iguacel. Fuente: http://www.jaca.com/

La Garcipollera, a escasos kilómetros de Jaca, es un bello espacio natural accesible para todos. Y resulta una excursión fantástica para recorrer en familia. Así que os animamos a visitarlo en estos meses de verano.

Categorías: Paisajes y comarcas | Deja un comentario

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