El Ball dels salvatges de Benabarre

Benabarre, localidad oscense de la comarca de la Ribagorza, mantenía el recuerdo de un antiguo baile, cercano a la representación teatral, que formaba parte de su acervo cultural. No parece ni fácil ni posible recuperar una actividad que no se celebraba desde 50 años atrás. Afortunadamente, no estaba olvidada y un grupo de vecinos, con el apoyo y el impulso de las autoridades, consiguió dar forma en 2007 a esta antigua tradición perdida en los años 50 del siglo anterior. No solo eso, el Ball dels Salvatges se ha convertido, de nuevo, en seña de identidad y objeto de atracción.

El baile es un acontecimiento que atrae a mucha gente hasta Benabarre. Foto: Radio Huesca.

El Ball dels Salvatges es una alegoría del amor. No solo es estética o espectáculo, también guarda una lección, al estilo de los antiguos auto sacramentales. Contó el recordado etnógrafo Manuel Benito, encargado de buscar la información precisa para dar forma de nuevo a la tradición perdida, que el origen de la danza podría encontrarse en los siglos XIV y XV, en las historias amorosas entre caballeros, damas y monstruos salvajes que forman parte de la historia europea.

La historia del salvaje

De la literatura de la Edad Media, en los siglos XII, XIII o XIV, surgen conceptos como el amor cortés, una forma de comportamiento cercana a la del amor platónico que alejaba al hombre de la pasión carnal. También, frente al concepto del amor más civilizado, surge otra figura literaria: la del salvaje que encarna a la lujuria, la representación de los más bajos instintos.

Los salvajes son personajes de la literatura medieval.

Esta figura del salvaje se utilizaba precisamente para transmitir la necesidad de doblegar esos instintos. Se presentaba como una criatura vestida con pieles o recubierta de vello, que guiado solo por sus instintos llega a veces hasta la crueldad. Vive en los bosques, fuera de la sociedad humana organizada. En general es de sexo masculino, pero las mismas características pueden encontrarse en una criatura de sexo femenino.

Dos de los salvajes del Ball de Benabarre. Fuente: wikiwand.com. Foto de Kom Bo

Los salvajes medievales despiertan temor y atracción a la vez. Son probablemente figuras basadas en mitos antiquísimos o en el propio folclore. Representan otro mundo, extraño y a menudo hostil al mundo civilizado, por lo que se utiliza ese enfrentamiento entre la excepcionalidad y la norma, de la misma forma que se han utilizado en la literatura otros personajes como el bárbaro o el indígena de tierras recién descubiertas.

El baile de Benabarre

El baile de Benabarre aúna música, teatro y danza y está lleno de todo ese simbolismo propio de aquella literatura medieval. Representa de forma metafórica el deseo de los hombres de doblegar los instintos de la mujer durante el cortejo amoroso. Deja de manifiesto que no hay una única forma de vivir el amor y, dicen algunos, “es la fusión de las distintas formas de amar las que llevan al amor eterno”. Eso sí, y esto es un spoiler, acaba triunfando el deseo de las mujeres, a quiénes se atribuye la posibilidad de dominar la situación.

El cartel de la última celebración del Ball dels Salvatges.

Se celebra a comienzos del mes de agosto de cada dos años, hasta ahora en año par. Más de un centenar de personas participan activamente en su desarrollo, que cuenta con un acto central y otras convocatorias que completan una intensa jornada. Así, por la mañana, la localidad ve llegar a los salvajes que dan nombre a la tradición en un pasacalles donde ya muestran sus más fieros instintos. Cuentan con su propio campamento en los alrededores, hasta donde los vecinos pueden acercarse para comprobar su modo de vida.

El acto central o Ball dels Salvatges se celebra cuando empieza a caer la tarde. Las primeras protagonistas, las que dan inicio al baile, son las 12 doncellas a las que se presenta como “necesitadas de amor”.  Ataviadas con un delantal blanco que simboliza la pureza, empiezan a bailar trazando un círculo y alternando varios pasamanos. En cuanto termina su actuación en solitario, aparecen en la plaza sus primeros bailadores: los caballeros cortesanos que representan al amor cortés.

Las doncellas bailan con los caballeros al comienzo de la representación. Fuente: Zootropo Teatro.

Los caballeros van ataviados con sombrero con cintas, chaleco y una faja en la que sujetan su espada. Inician el cortejo colocándose frente a las damas y luego siguen con distintos movimientos en parejas. Ese baile cortés y espiritual parece no acabar de atraer a las damas, que ven como aparecen de repente unos nuevos pretendientes, los cazadores, también llamados “blanquillos” por su indumentaria de danzante.

Los cazadores separan a damas y caballeros, que se muestran vencidos. Fuente: Zoótropo Teatro.

Los cazadores separan a damas y cortesanos mostrando sus ballestas con los brazos en alto, al ritmo de la música. Llegan justo delante de las damas señalando su virilidad y estas les siguen el baile, dejando literalmente sentados en el suelo a los caballeros cortesanos. Esta parte acaba con los cazadores simbolizando la victoria con sus armas sobre los cortesanos, que ya llevan las espadas en sus manos, como señal de sumisión.

Llegan los salvajes

Pero cuando los cazadores intentan ganarse el favor de las damas con su baile menos cortés, aparecen los salvajes. Llegan en tromba y a gritos, representando los más fieros instintos. Con sus trajes realizados con ramas o pieles de animales parecen salir de la más profunda naturaleza. Inmediatamente intentan hacerse con el poder e imponer el caos, desbancando a la autoridad competente.

Los salvajes traen el caos: secuestran a las doncellas y se hacen con el poder local. Fuente: Facebook del Ayuntamiento de Benabarre

Empieza entonces la parte más teatral del acto, el llamado “juicio”, donde los Salvajes, con el poder local en sus manos, juzgan y sentencian situaciones propias de la actualidad. Cada edición, nuevos temas para los salvajes. Su objetivo, a modo de farsa, dejar claro que no somos mejores que ellos y sembrar la duda de si todos  deberíamos dejarnos guiar por la naturaleza.

Al final es la inteligencia de la mujer la que se impone sobre todos los demás personajes. Toman el mando y empiezan a formar un círculo donde introducen a caballeros, cazadores y, finalmente, también a los propios salvajes. Cuando se marchan de la plaza lo hacen en grupos de cuatro formados por mujer, caballero, cazador y salvaje, unidos por el palo de los salvajes, la ballesta de los cazadores y la espada de los caballeros. Traen de nuevo la paz y la concordia con una moraleja: que instinto, cortesía y deseo caminen juntos en pos de su amor.

El cartel de un taller de títeres muestra cómo acaban los personajes en el Ball dels Salvatges.

Además de un baile sobre el amor, el Ball dels Salvatges supone también una forma de expresar el amor de los vecinos por su pueblo y sus tradiciones. Un gran ejemplo de recuperación de las costumbres y de dinamización local que obtuvo el merecido reconocimiento de ser declarado Fiesta de Interés Turístico de Aragón en 2016.

Categorías: Fiestas y sabores | 1 comentario

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Un pensamiento en “El Ball dels salvatges de Benabarre

  1. Anónimo

    se os olvido mencionar a la autora del cartel: Irina Vau

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