La indumentaria tradicional aragonesa

Como todos los años, a finales de septiembre, muchos aragoneses preparan con cariño sus trajes regionales para participar en actos folclóricos y ofrendas de flores con motivo de la celebración del Día del Pilar. Son fechas es las que se airean y planchan todas las prendas para que estén impecables. Y también es momento de repasar que todo esté correcto; apañar lo que sea necesario y comprar los complementos que falten. Este año será diferente pero hemos querido dedicar nuestro blog a conocer un poco mejor el origen de nuestro traje aragonés ¿Por qué nos vestimos así? ¿Qué es eso de vestirse de “baturro”? ¿Cómo son nuestros regionales?

Ofrenda de flores a la Virgen del Pilar en Calanda. Fuente: http://www.lacomarca.net

 

El término de traje regional como atuendo “típico” de cada lugar surge en la segunda mitad del siglo XIX de la mano del Romanticismo. Esta corriente cultural se desarrolló en Europa como reacción frente a la tiranía del racionalismo y lo racional, el gran logro de la Ilustración en la anterior centuria, y reivindicaba precisamente todo aquello que no era ni razonable ni universal, poniendo de manifiesto las pasiones, tradiciones y folclore propio de los pueblos. En definitiva, los hechos diferenciales. Por eso, dentro de esta nueva corriente de pensamiento, se crearon diferentes tópicos para caracterizar a los habitantes de las distintas regiones europeas que de una manera u otra se han mantenido hasta nuestros días.

“Las tres edades”, Francisco Marín Bagüés. Fuente: http://www.museodezaragoza.es/

En el caso de la indumentaria, aprovechando esos tópicos establecidos, también se configuraron trajes asimilados a cada pueblo. En el caso de España, las indumentarias típicas de cada región también surgieron entonces pero quedaron definitivamente establecidas en los años de la dictadura del General Franco. La enorme actividad cultural llevada a cabo por los grupos de coros y danzas organizados por la Sección Femenina de Falange, favoreció el uso de los trajes regionales de las distintas zonas del país. Como es lógico, en sus actuaciones se hacía necesario acompañar la música y los bailes con un atuendo diferenciado, así que se acabó por oficializar la utilización de diversas indumentarias para cada zona de España, surgiendo así los denominados trajes de baturro y baturra.

Postal antigua de la colección “costumbres aragonesas”

Pero dadas las circunstancias, es decir, la necesidad de crear una indumentaria destinada al baile, hizo que aquellos trajes regionales típicos establecidos desde finales del siglo XIX fueran trasformados con el objetivo de lograr una mayor comodidad a la hora de bailar. Así, en los trajes femeninos, se acortaron las faldas y se eliminaron prendas que impedían la facilidad de movimientos como los refajos o los mantones; y en los trajes masculinos ocurrió lo mismo con las chaquetas o los chalecos cruzados y abrochados.

Coros y Danzas de España. X Concurso Naciones y Danzas. Grupo de danzas de Teruel. Joaquín del Palacio “Kindel”. Teruel. Año 1952. Fuente: http://dara-documentos-y-archivos-de-aragon.blogspot.com

En el caso de las mujeres se adoptó el traje de labradora al que se añadían prendas más  lujosas para convertirlo en atuendo adecuado para actos importantes y  fiestas. Lo que podría denominarse traje de campesina rica. Pero tras el auge de la tradición de la Ofrenda de Flores a la Virgen del Pilar también se impuso el denominado de dama aragonesa que representa a una mujer de clase alta vestida de fiesta.

Evidentemente, se trata de una indumentaria artificial. Una reinterpretación de los vestidos masculinos y femeninos que aún estaban en uso en la primera mitad del siglo XIX y de los que tenemos abundantes testimonios gráficos. Una reinvención realizada con buena intención pero que no deja de ser una simplificación y una deformación de los verdaderos trajes de época.

Postal Baturros y el Pilar de 1970

Buen ejemplo de ello es la homogeneización de la indumentaria. Los trajes de baturro y baturra pretendían responder a una tipología tradicional única de traje utilizado en todo el territorio de Aragón. Lógicamente, pensar que todos los aragoneses vestían igual es algo absurdo puesto que en el pasado la vestimenta de cada lugar dependía de factores geográficos, culturales y económicos: La altura, frío o calor; la climatología, verano o invierno; la función, vestidos de trabajo o de fiesta; así como la posición social del personaje que portaba el vestido; eran aspectos decisivos para definir las características de los atuendos. Aunque todas las indumentarias tradicionales compartían elementos comunes nada tienen que ver los  trajes de Ansó o de Hecho, los de la Ribagorza, los de el Bajo Aragón, o los de la Serranía de Albarracín.

En nuestro territorio los etnógrafos suelen distinguir tres áreas geográficas diferenciadas a la hora de hablar de indumentaria tradicional: los Pirineos, la depresión del Ebro y el Sistema Ibérico.

 

Vestido aragonés de principios del Siglo XX

En los valles del Pirineo, el frío determinaba la confección de las prendas con paño de lana. Generalmente basquiñas, refajos, faldas, jubones, chaquetas, calzones, capas anguarinas etc… En el caso de la ropa interior además de lana se utilizaba lino, cáñamo o estopazo. Las piezas se elaboraban en la propia casa de forma artesanal y se teñían de diversos colores. Solo las prendas de complemento (mantones, cintas o delantales) procedían del intercambio con Francia o en ferias y mercados.

Sala de etnología, Casa Pirenaica, Museo de Zaragoza- Archivo del Museo de Zaragoza

Entre todos los ejemplo pirenaicos destacan los procedentes de los valles de Hecho y Ansó cuyo tradicional aislamiento les ha permitido conservar su indumentaria tradicional propia. Se trata de unos trajes que destacan por su colorido y ornamentación y son una auténtica joya etnográfica.

La depresión central del Ebro y las tierras más bajas de los somontanos pirenaicos e ibéricos componen la segunda área. En todas estas zonas el clima es mucho menos húmedo y más agradable, aunque la diferencia térmica entre invierno y verano es más acusada. Aquí las mujeres a diario vestían con refajos y enaguas, hechas en percal estampado o paño, delantal y un jubón o chambra sobre la camisa, que en verano se sustituía por un justillo; sobre los hombros llevaban mantoncillos de lana, seda o toquillas. En las ciudades, los jornaleros, menestrales (artesanos) y pequeños comerciantes llevaban amplias blusas o blusones, mientras la burguesía y otros profesionales vestían siguiendo la moda internacional.

Aquí es más difícil seguir el rastro de la indumentaria tradicional puesto que el buen clima y la apertura de los valles a las influencias exteriores determinaron la pronta introducción de modas exteriores en detrimento de los vestidos y prendas locales. Por lo tanto, es la zona en la que más pronto quedó en desuso la vestimenta tradicional.

Postal antigua de un matrimonio zaragozano: Fuente: http://aragondocumenta.com/

Por último, el tercer área lo conforma fundamentalmente el Sistema Ibérico: Moncayo, Albarracín, Gúdar, Maestrazgo. En estas tierras también existe una gran variación térmica pero las lluvias son mucho más abundantes lo que hacía que las mujeres llevaran faldas cortas de colores vivos.  El frio y la humedad así como el gran peso de la ganadería en la economía local también determinó que la lana fuese el tejido principal con en el que se confeccionaban numerosas prendas como faldas, refajos, chaquetas, calzones o capas, en el tejido denominado cordellate. Por supuesto, todo elaborado en la misma casa  o en las mismas masadas.

Danza en el Maestrazgo. Fuente: http://cemaestrazgo.blogspot.com/

En Teruel los hombres vestían blusas y trajes en telas claras, y las mujeres toquillas de gran variedad cromática. Y en las tierras periféricas era común la incorporación de prendas propias de otros lugares. Así ocurre en el Maestrazgo y Albarracín que reciben influjos desde Valencia y Castilla respectivamente.

Traje regional en Teruel. Fuente: http://turoliense.blogspot.com/

La indumentaria tradicional aragonesa es un campo que todavía tiene mucho que contarnos. Afortunadamente, cada día son más los estudiosos de la etnología y los colectivos preocupados por investigar la historia de nuestro traje tradicional, mucho más rico y elegante que el que ofrecido por los estereotipos creados artificialmente, y gracias a ellos cada día conocemos mejor este aspecto tan importante de nuestra propia identidad.

 

Categorías: Historia y Arte, Joyas del Patrimonio | Deja un comentario

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