El acueducto romano de Albarracín a Cella

Todos conocemos la capacidad ingeniera de los antiguos romanos a la hora de diseñar y llevar a cabo grandes obras hidráulicas. Lo que quizá no sepamos es que fue en nuestra tierra donde realizaron uno de los proyectos más espectaculares del Imperio. ¡Acompáñanos a Teruel para descubrir la que -junto a la presa de Almonacid-, es la mayor obra de ingeniería romana de Aragón!

Galería del acueducto, adivinándose por las ventanas de registro, desde una de las cuales se toma la foto.Fuente: http://elmochuelocurioso.blogspot.com

Hoy vamos a recorrer ¡veinticinco kilómetros de canal!, y es que los romanos nunca escatimaban en gastos o esfuerzos para lograr su objetivo. Si en Zaragoza obviaron el agua del Ebro y realizaron 22 kilómetros de canalizaciones hasta los manantiales de Marlofa, para abastecer de agua a la ciudad de Cella realizaron un trabajo aún más colosal y sorprendente: Los romanos canalizaron el agua desde un manantial ubicado en Albarracín. Este punto de captación se encuentra en la cuenca del río Turia, mientras que el lugar de destino está en la cuenca del Ebro… Hablamos de uno de los trasvases entre cuencas más antiguos de la historia de la Humanidad.

Mapa del Acueducto romano de Albarracín-Cella. Fuente: http://www.romanaqueducts.info

Hay que remontarse al siglo I d. C., la época de esplendor del naciente Imperio de Roma, para datar nuestra colosal obra hidráulica. Son momentos en los que las ciudades y su entorno, que son los grandes focos de romanización, se dotan de grandes edificios y estructuras monumentales –foros, templos, anfiteatros, presas, acueductos…-. Estas construcciones, además de cumplir su función particular, actuaban como exponentes del poder y la capacidad de Roma.

Centro de Interpretación del acueducto en Gea de Albarracín. Fuente: https: http://www.tripadvisor.es

Pero aclaremos un punto. Aunque al hablar de acueductos todos pensamos en airosas estructuras de arcos, como la que aún puede admirarse en Segovia, la mayor parte del trazado de estas canalizaciones no era tan monumental. De hecho, en el caso que nos ocupa, no vamos a ver grandes arcos ni puentes para el agua. Y sin embargo, desde el punto de vista de la ingeniería y del volumen de trabajo, sobrecoge todavía hoy la galería que los romanos abrieron en la roca, a lo largo de kilómetros, para canalizar el agua de boca hasta Cella.

Uno de los paneles informativos que jalonan la ruta del acueducto. Fuente: http://www.romanaqueducts.info

En nuestros días, pueden visitarse restos de la Galería de Los Espejos y del túnel carretero, que constituyen el primer tramo conservado de trazado del acueducto. Continúa junto a Gea de Albarracín, en el Barranco de los Burros. Tallada en la roca del escarpe, la galería del acueducto discurre durante todo este tiempo paralela al cauce del Guadalaviar. En todo momento, esta galería mantiene la cota con una leve inclinación intencionada, que es la que hacía posible que el agua discurriese por sí sola para conducirla hasta Cella.

Ventanas de registro ubicadas periódicamente a lo largo de la galería. Fuente: https://meraviglia.es

Paseando por el interior de este túnel, nos llaman la atención varias peculiaridades. En primer lugar, son muy características las ventanas de registro, una serie de orificios que, cada pocos metros, comunican la galería con el exterior. Estos accesos facilitaban a los obreros la realización del trabajo, permitiéndoles entrar, sacar escombro, o el mantenimiento de la galería cuando ya se encontrase en funcionamiento el acueducto. Además, y aún con más frecuencia, observaremos unas pequeñas repisas, como groseras hornacinas excavadas en el interior de la galería. Eran los orificios que los trabajadores acondicionaban para apoyar las lucernas, las lámparas de aceite con las que iluminaban el túnel. Finalmente, si prestamos atención, se nos pondrán los pelos de punta al reconocer la impronta de los golpes de pico, reconociéndose en ocasiones el arco de los brazos según iban picando…

Huecos abiertos para las lucernas que iluminaban la galería. Fuente: https://www.aragon.es

Después de dos mil años, el desplazamiento de la ladera ha erosionado parte de la obra, quedando al descubierto varios tramos del canal visitable en la actualidad. Pero en origen todo el trazado iría en galería, en forma de túnel. El agua canalizada debía discurrir durante todo el camino bien protegida, evitando posibles escorrentías de agua salitrosa, así como la caída de tierras o piedras al canal.

Tramo de la galería del acueducto acondicionado para el turismo. Fuente: https://es.wikipedia.org

Después de 18 kilómetros en dirección este, el acueducto de Albarracín gira bruscamente hacia el noreste. Poca distancia después, se les plantearía a los romanos el mayor problema constructivo del proyecto: debía salvarse la gran meseta que se interpone para llegar a Cella. Se trata de la meseta que separa las cuencas del Turia y del Ebro. Hace dos mil años, los romanos perforaron aquella extensión de cinco kilómetros de longitud para que el agua pudiese seguir descendiendo artificialmente hasta Cella. Así, aquellas aguas burlaban su destino natural saltando a una cuenca que no les correspondía ni les sería posible alcanzar.

Corte interpretativo del trazado del túnel y su construcción, así como de sus pozos de registro. Fuente: http://aragonromano.ftp.catedu.es

Evidentemente, el túnel que excavaron los romanos a pico a lo largo de estos cinco kilómetros debía mantener la cota del canal con su debida inclinación –unos dos metros por cada kilómetro-, lo cual obligó a que el túnel fuese alcanzando mayor profundidad a medida que avanzaba. Y como era necesario seguir abriendo vías de registro para el mantenimiento y construcción de la galería, hubo que acondicionar pozos. Estos orificios llegan a alcanzar, desde la superficie hasta el nivel del canal, sesenta metros de profundidad en vertical.

Pozo de registro del túnel que atraviesa la meseta. Fuente: http://elmochuelocurioso.blogspot.com

Aproximadamente, se abrió un pozo de registro cada cincuenta metros, de lo que se deduce la existencia de unos cien pozos. Hablamos de decenas de miles de metro cúbicos de tierra excavada a pico.

Specus del acueducto, a cielo abierto, cerca de Cella, su destino final. Fuente: http://aragonromano.ftp.catedu.es

Ante semejante obra, claro, cabe preguntarse: ¿y por qué tanto gasto y trabajo si existían cursos de agua mucho más próximos y fáciles de canalizar hasta la ciudad? Pues bien, para los romanos era fundamental el tema del agua, y siempre fue una premisa el abastecer las ciudades con agua de manantial de la mejor calidad. Ni los cesaraugustanos bebieron nunca del Ebro, ni los habitantes de la antigua Cella bebieron del Jiloca.

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Un pensamiento en “El acueducto romano de Albarracín a Cella

  1. Bonito estudio. ¿Tendría sentido volver a hacer operativo ese acueducto? Como terminar la canal del Ebro, que hubiese sido navegable desde Tortosa a Zaragoza, y fue objeto de una pregunta parlamentaria el 20-5-1864, por el duque de san Carlos; Buenaventura Vivó; Juan García Torres; Joaquín Miralles; Joaquín María Paz; Mauricio López Roberts; Antonio Méndez de Vigo.
    Otros temas similares son del ramo ferrocarril: el Santander-Mediterráneo, el Canfranc, y cercano, pero no aragonés, el Baeza-Utiel. Salut +

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