Museo de las Momias de Quinto de Ebro

Cuando pensamos en momias es inevitable que nuestra imaginación viaje a la civilización del antiguo Egipto. Y también que se nos hagan presentes aquellas figuras inquietantes y llenas de vendas con las que nos aterraban los cómics y las películas. Sin embargo, las momias son algo mucho más interesante. Y para poder contemplar y apreciar momias de verdad no hace falta que nos vayamos tan lejos porque, en el mismo centro de Aragón, contamos con el fantástico Museo de las Momias de Quinto de Ebro. Por eso, hoy que celebramos el Día del Turismo os invitamos a que nos acompañéis a conocer este museo tan sorprendente y singular. El primer museo dedicado a momias de España. ¿Por qué hay un museo de momias en este municipio zaragozano? ¿Qué podemos encontrar en él?

Momia de un clérigo en Quinto de Ebro. Fuente: FAETON Servicios Educativos

El Museo de la Momias se encuentra en la parte más alta de Quinto de Ebro. Un espacio elevado que los vecinos denominan tradicionalmente como “el Piquete”, un diminutivo de pico. Allí se puede rastrear actividad humana desde hace más de 2000 años. En época musulmana se sabe de la existencia de un antiguo castillo sobre cuyos restos se levantó en la Edad Media la Iglesia de la Asunción que es el origen de este museo y de su particular colección.

El Piquete de Quinto. Fuente: http://www.sipca.es

La antigua Iglesia de la Asunción de Quinto, que ha sufrido muchos avatares, alberga actualmente el Museo de las Momias. En origen fue un edificio gótico mudéjar levantado a comienzos del siglo XV bajo la dirección del afamado maestro de obras Mahoma Ramí, quien tantas obras realizó para Benedicto XIII, el Papa Luna.

Ábside gótico-mudéjar de la antigua Iglesia de la Asunción. Fuente: FAETON Servicios Educativos

Fue una iglesia muy especial porque pertenece a la tipología denominada iglesia-fortaleza. Un tipo de iglesia que proliferó en tiempos de la Guerra de los Dos Pedros a lo largo del siglo XIV y que se caracteriza por contar con una serie de torres contrafuertes y un corredor defensivo elevado que rodeaba todo el edificio y en el que se abría una galería de arcos. Todavía son visibles algunos de aquellos arcos en la actualidad a pesar de la reforma que se llevó a cabo en época barroca.

Uno de los arcos de la la antigua galería. Fuente: FAETON Servicios Educativos

La iglesia fue reformada en épocas posteriores pero quedó completamente arruinada en los años de la Guerra Civil pues este edificio se convirtió en foco de resistencia durante la Batalla de Quinto y fue completamente destruido y expoliado.  En su interior todavía son visibles las huellas de aquella terrible batalla y en sus paredes encontramos numerosos restos de impactos de todo tipo de proyectiles.

Restos de batalla en la cubierta gótica. Fuente: FAETON Servicios Educativos

Su estado de ruina aconsejó la construcción de una nueva iglesia en la parte baja del pueblo y la vieja iglesia fue desacralizada y usada como silo para almacenar cereal durante años. Lo que contribuyó más todavía a su deterioro. Y fue precisamente un reciente proyecto municipal para convertir este espacio en centro cultural lo que determinó el origen del museo, puesto que cuando comenzaron las obras de restauración en el suelo, que había quedado completamente arruinado por el peso de los tractores, comenzaron a aparecer multitud de restos humanos. Muchos de ellos momificados.

Restos arqueológicos de las fosas de enterramiento. Fuente: https://momiasdequinto.es

A pesar del grado de destrucción sufrido durante años los arqueólogos descubrieron una gran cantidad de enterramientos excavados en el subsuelo, apenas un metro un metro y medio del piso actual. En realidad, no se trataba de algo extraordinario, puesto que hasta que no se obligó a construir cementerios a las afuera de las ciudades por motivos sanitarios en el siglo XIX, lo común hasta entonces era enterrarse en las iglesias. Por lo general, se hacía en el fosal o cementerio anexo al templo, pero los miembros de la iglesia y las familias más relevantes también los hacían en su interior, donde se establecía toda una jerarquía de enterramientos, unos encima otros, en función de su cercanía al presbiterio o altar mayor.

Ataúd de una niña momificada. Fuente: FAETON Servicios Educativos

En la Iglesia de la Asunción se tiene constancia de más de mil enterramientos pero en la intervención arqueológica se exhumaron los restos de setenta personas que estaban ubicadas en la nave central. Pero lo realmente sorprendente es que de todas ellas treinta y dos estaban total o parcialmente momificadas. Se trata de cadáveres que fueron inhumados entre finales del siglo XVIII y mediados del siglo XIX en un espacio de la iglesia que debido a su extrema sequedad, y quizá la presencia de una ligera corriente de aire, se favoreció su momificación natural.

Cadáver parcialmente momificado en su parte inferior expuesto en el Museo. Fuente: FAETON Servicios Educativos

Son por lo tanto cuerpo momificados de forma natural, algo extraordinario, y no por intervención humana, como es propio de las momias egipcias. Es decir, que los procesos de descomposición cadavérica, como la putrefacción, quedaron detenidos por medios naturales. Algo que puede producirse circunstancias especiales como en los espacios muy secos o en las ciénagas donde no hay oxígeno. Concretamente, en estos casos, fue la gran aridez del subsuelo de la antigua Iglesia de la Asunción la que provocó la rápida evaporación de los fluidos corporales evitando así la acción de las bacterias que descomponen el cadáver.

Momia de una mujer perfectamente conservada. Fuente: FAETON Servicios Educativos

Es un conjunto absolutamente extraordinario, no porque sean momias, puesto que la momificación es más común de lo que creemos, sino porque se trata un conjunto de momias naturales en perfecto estado de conservación y que además también conservan intactas las vestiduras y complementos con las que fueron enterradas.

Zapatos de finales del siglo XVIII pertenecientes a una de las momias. Fuente: FAETON servicios Educativos

Como es natural el hallazgo, que se produjo en 2011, paralizó el proyecto inicial de restauración de la antigua iglesia. Todos los restos, esqueletos y momias, fueron almacenados en una de sus capillas a la espera ver cuál sería su destino. Hasta que finalmente, en 2014, gracias en buena parte a la difusión que proporcionó el programa televisivo Cuarto Milenio y, especialmente, a la implicación de Mercedes González, directora del Instituto de Estudios Científicos en Momias, se puso en marcha la creación del Museo de las Momias buscando hacer del mismo un recurso turístico que dinamizase la economía de este municipio aragonés.

Productos comerciales del Museo de las Momias. Fuente: FAETON Servicios Educativos

Los restos óseos fueron trasladados a la fosa común del cementerio municipal y las momias pasaron a formar parte de la colección de este singular museo. En total son quince momias de diferentes edades: Siete personas adultas, de las cuales dos son mujeres y cinco varones. Además de tres niñas y cinco niños con una edad comprendida entre unos pocos meses de vida y los siete años. Y todos conservan sus ropajes, zapatos, ataúdes y otros complementos como crucifijos, rosarios, botones etc…

Algunos de los complementos portados por las momias. Fuente: https://momiasdequinto.es

Pero los restos humanos que podemos contemplar en este museo no se exhiben con una intención morbosa. La cuidada museografía de su exposición presenta estas momias con todo respeto y, especialmente, nos acerca su contemplación como fuente de investigación y conocimiento científico. A través de estas momias el visitante puede descubrir las circunstancias físicas que presentaban estas personas en el momento de su muerte. Lo que hace de este espacio un lugar muy especial y muy interesante para cualquier persona interesada en la ciencia y en el conocimiento del cuerpo humano. Así que no dejéis de visitar Quinto de Ebro para conocer a sus queridas momias. Vale la pena.

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